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¿Por qué cada vez hay menos monjas?

ANGÉLICA GONZÁLEZ
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Desde la Iglesia Católica se achaca a la baja natalidad, la secularización de la sociedad y la falta de compromiso. El psicólogo social Fernando del Río habla de individualismo

Las vocaciones religiosas no prenden entre la juventud española y los conventos lo notan. - Foto: Alberto Rodrigo

El descenso de las vocaciones religiosas ha sido imparable en las últimas décadas aunque no son públicos los datos que permitirían conocer de forma exacta esta evolución a la baja de veinte o treinta años atrás. Aún así no se niega esta realidad desde la propia Iglesia Católica. Amadeo Alonso, vicario episcopal para la vida consagrada de la Archidiócesis de Burgos lo achaca a la baja natalidad, a la secularización "y a la dificultad que en este tiempo supone la vida retirada". Se refiere a los religiosos de vida contemplativa pero coincide en el diagnóstico con Isabel Bartolomé, la secretaria de la Confederación de Religiosos de España (Confer) en Burgos.

Bartolomé cita también la considerable disminución de la natalidad y la secularización de la sociedad, aunque matiza: "En el mundo occidental disminuye el número de quienes se declaran cristianos pero se multiplican los laicos que han tomado conciencia de su dignidad como cristianos y viven otras formas de vida desde el compromiso: hoy hay más laicos comprometidos". Ella prefiere verlo de forma positiva, ya que aunque reconoce que Burgos ha dicho adiós a varias órdenes -las más recientes, María Inmaculada y Esclavas, pero en su día también se fueron los claretianos (que siguen en Aranda) y los franciscanos- saluda con genuina alegría a las que llegan como el fenómeno de Iesu Communio y las recién llegadas Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará aunque apenas sean tres. En este mismo tono optimista reflexiona sobre el hecho de que esta disminución les lleva "a intensificar una de las máximas de Santa Genoveva Torres, A más necesidad, más amor. Somos menos, más tarea, pues más amor para hacer presente el Reino de Dios en nuestro pequeño mundo, al estilo de Jesús de Nazaret en el Evangelio, al que seguimos todos los consagrados y los bautizados".

Por otro lado, pone el foco en que las órdenes religiosas que en su día llegaron para ocuparse de atender necesidades sociales que hace muchos años no estaban cubiertas ya quizás no tengan tanta responsabilidad en ese sentido, al ser asumida por el Estado: "Movidos por el amor a Jesucristo, supieron captar los sufrimientos y las necesidades que padecía la sociedad y así fundaron congregaciones que dedicaron su vida entera al servicio: niños, enfermos, mayores, personas solas, refugiados, inmigrantes y tantas necesidades como han ido surgiendo. La sociedad está saliendo también hoy al paso de algunas de estas necesidades".

Para la superiora de las Esclavas, Elvira Santamaría, la crisis de religiosidad se circunscribe a Europa y España porque asegura en su orden hay vocaciones en otras partes del mundo y tiene que ver con la falta de compromiso ya que también ha descendido el número de matrimonios: "La gente no quiere tomar opciones de vida sino que apuestan por compromisos temporales en los que se quedan mientras las cosas marchan bien. Y esto pasa también con el compromiso religioso con gente que se va de misiones pero no se compromete a entregar su vida a Jesucristo".

ADAPTARSE A LOS TIEMPOS. No tiene una idea muy diferente el psicólogo social y profesor de la Universidad de Burgos Fernando Pérez del Río: "Ahora triunfan el consumo individual, la ciencia positivista, el coaching, los libros de autoayuda, el relato psicoterapéutico individual mal entendido y esto está generando un enorme problema en el vínculo social y en el lazo con el otro, con el grupo, la familia y los rituales. En nuestra sociedad las personas anhelan una relación emocional estable al igual que necesitan estabilidad espiritual y rituales. El de la iglesia es desprenderse en parte de uno mismo y sentir que uno pertenece a un grupo, y eso es muy positivo, pero hoy, la tendencia es básicamente fomentar la felicidad de uno mismo". Por otro lado, pone el foco en la propia Iglesia Católica y en cómo no se ha sabido adaptar a los tiempos: "¿Por qué no se pueden casar los sacerdotes? ¿Por qué una mujer no puede dar misa?", se pregunta.