El Tour que viajó a Colombia

C. de Torres (EFE)
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Egan Bernal se convirtió este año en el primer sudamericano en ganar la ronda gala y en el maillot amarillo más joven de la Historia

El corredor ‘cafetero’ es ya un símbolo de su país y su triunfo marca una nueva época en el ciclismo internacional.

Una nueva estrella del ciclismo con intenso aroma a campeón irrumpió este verano en el Tour de Francia: Egan Bernal, de 22 años, primer colombiano y latinoamericano maillot amarillo en París y el más joven en lograrlo en 110 años.
Una hazaña que convulsionó a todo el continente, sumada a la del ecuatoriano Richard Carapaz en el Giro de Italia, y que convirtió a la joya colombiana de Zipaquirá, un pueblo agrícola unos 40 kilómetros al norte de Bogotá, en un héroe nacional llamado a marcar una era en la ronda gala y en el ciclismo mundial.
Que Bernal tenía futuro lo dudaban pocos, pero que iba a explotar en el Tour después de perderse el Giro por una grave lesión era una apuesta de riesgo, máxime cuando iba a coincidir en el Ineos con una jefe de filas que defendía título, el galés Geraint Thomas.
En su primera incursión en la ronda francesa, en 2018, su primer año de profesional, fue decimoquinto a pesar de que se entregó en el trabajo para Chris Froome y Thomas. Pero esa temporada presentó credenciales ganando el Tour de California y la Colombia Oro y Paz.
La promesa se confirmó en 2019. Avisó ganando la París Niza en duelo con su compatriota Nairo Quintana, fue tercero en la Volta a Catalunya, donde le superó el colombiano Miguel Ángel ‘Supermán’ López, y mandó en la Vuelta a Suiza. En el Tour de Francia nació una estrella llamada a marcar una era.
La paradoja y el destino se aliaron con Egan Bernal, el hijo de Germán y Flor que con ocho años empezó a competir. A una semana del Giro, su gran objetivo inicial de 2019, se fracturó la clavícula en un entrenamiento con el Ineos.
Tras ser intervenido, volvió con más fuerza y los astros empezaron a alinearse. Su equipo contaba con él para formar un tridente letal con Froome y Thomas, los últimos emperadores en Francia.
Suiza fue un banco de pruebas determinante. El británico se retiró por una dura caída que le convirtió en dudoso para el Tour y el colombiano se puso los galones. Había vuelto a su mejor forma. El otro líder del Ineos, Chris Froome, se destrozó en el Dauphiné.
Bernal llegó a la prueba como candidato al maillot amarillo y el peso de su equipo se lo echó a la espalda el corredor cundinamarqués. Debía compartir capitanía con Thomas, pero las apuestas apuntaban al chaval espigado y locuaz de piel tostada.
«Egan Bernal es un fenómeno extraordinario por la forma en que ha ganado la reciente París-Niza», adelantó la leyenda belga Eddy Merckx. Otros, como Alberto Contador y Pedro Delgado le dieron como favorito al jersey amarillo del Tour, pronóstico al que se sumó el mito francés Bernard Hinault: «Bernal será este año el ‘número uno’».
En la hora de la verdad el ‘cafetero’ dio la talla. En la sexta etapa entró con los favoritos en la montaña de La Planche des Belles Filles, luego superó a varios rivales en una jornada de abanicos y estuvo discreto en la crono de 27 kilómetros, quedando a 1,26 minutos de su compañero Thomas y a 2,52 del francés Alaphilippe.
En los Pirineos sacó las alas, ya vestido de blanco tras la decimoquinta etapa. Se acercó en la general y en los Alpes se coronó como mejor escalador. La gloria llegó para quedarse en la decimoctava etapa, a 40 kilómetros de meta y en pleno ascenso al Col de L’Iseran. Egan se destacó y empezó a meter tiempo a todos sus rivales. Con un minuto de ventaja sobre el resto de favoritos y más de dos sobre el líder Julian Alaphilippe, una tormenta que anegó la carretera camino de Tignes obligó a suspender la carrera. Se respetaron los tiempos de la escapada y ese día, 26 de julio, Egan Bernal se vistió por primera vez de amarillo.
Faltaban dos días para París. La penúltima etapa también se recortó a 59 kms con la meta en Val Thorens. El Ineos protegió al nuevo ganador del Tour de Francia. ¿Estaba naciendo una nueva era? «Esto es como la droga, un vicio. Ganas el Tour y ya piensas en otro», avanzó Bernal tras sentenciar la carrera.