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Javier Santamarina

LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Alta fidelidad

29/10/2021

Aunque nunca ha sido fácil ser adolescente, es un error pensar que hay épocas vitales mejores que otras. Cada etapa de la vida tiene retos específicos y solo los años que acompañan a la experiencia reducen los errores graves, sin embargo, no destierran los riesgos y los fracasos que los acompañan. La clase política tiende a ignorar las motivaciones y la influencia que ejerce su vida personal en las decisiones que toman. Sería bonito pensar que un anciano presidente tomará medidas más prudentes que un joven gobernante, pero como la realidad nos ha demostrado recientemente, la clave son los principios y la fortaleza de carácter.

Esta introducción nos recuerda que una decisión política no es la síntesis de un juicio racional, frío y analítico, sino un acto personal. La fortaleza de la democracia reside en la potestad del pueblo soberano de juzgar políticamente si las motivaciones de sus dirigentes han tendido al bien común o se han limitado a las habituales miserias humanas. Las dictaduras, en cualquiera de sus variantes, entronizan a un sujeto al que dotan de unas cualidades únicas y su voluntad es ley. Una monarquía absoluta o incluso una república sin separación de poderes se puede asemejar muchísimo al totalitarismo si carece de prensa libre. Rara vez los grandes personajes de la historia han dejado poblaciones prósperas que les sucedan.

Occidente vive inmerso en una batalla ideológica que puede provocar el derrumbe de las instituciones que han aportado riqueza a un territorio marcado por las guerras. La Unión Europea sigue empecinada en adoctrinar e imponer sus directrices a una población heterogénea e históricamente orgullosa. La élite política está llena de buenas personas, con mejores intenciones, que se han otorgado unos poderes y responsabilidades que exceden sus capacidades. Desgraciadamente ignoran que la riqueza de los países la generan empresas, no decretos ni una brillante legislación laboral.

La disminución cierta de los ingresos fiscales obligará a una retirada masiva del Estado en la economía y a priorizar los recursos disponibles. La libertad supone convivir con la desigualdad de resultado. Las ideologías intentaron poner solución eliminando literalmente a cualquiera que tuviera un talento especial o espíritu de superación.

La izquierda occidental apuesta por personajes a los que dota de unas capacidades que carecen y les otorga todo el poder. Esta ausencia de contrapoderes y la dictadura de las minorías está debilitando su mensaje. Los grandes conservadores actuales son la izquierda radical que detesta la responsabilidad que requiere la libertad.