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La risa y comer de todo, secretos de la longevidad

I.M.L. / Nava de Roa
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Florita García Gil alcanzó los 100 años el 21 de abril con un buen humor envidiable y comparte sus recuerdos de décadas atrás con un brillo en los ojos que demuestra que ha sido feliz

Florita y su marido, Manuel, llevan 70 años casados y todavía se demuestran el amor que se tienen mutuamente. - Foto: I.M.L.

Compartir recuerdos vitales no es algo que se suela hacer con alguien a quien acabas de conocer, pero la personalidad de Florita García Gil y su buen humor rompen todas las barreras y, a los cinco minutos, ya te está relatando cómo ha sido su dilatada experiencia vital. Con una memoria envidiable y unos grandes ojos azules, esta segoviana celebra en su casa de Nava de Roa el haber llegado a los 100 años, sentada junto a su marido Manuel Sainz Santos, que va dos años por detrás de ella. «El primero que me ha felicitado ha sido mi marido, luego mi yerno y después Tania», enumera casi sin preguntarla, orgullosa de poder celebrar un cumpleaños tan especial.

Ella aterrizó en la Ribera del Duero «hace muchos años», cuando se casó hace 70 años, aunque estuvo viviendo en Valladolid también. Se le ilumina la mirada al recordar cuándo conoció a su marido. «En la procesión de las fiestas le vi por el bigote y dije 'ese me gusta' y me dijo mi sobrina que estaba al lado su hermana, que me callase, pero yo no estaba diciendo nada malo», explica con una sonrisa pícara. El baile siempre le ha gustado y, de hecho, presume de que los pasodobles los bordaba con Manuel. «Nos bailamos mi marido y yo un pasodoble y nos regalaron una bandeja de plata», cuenta.

Además de ocuparse de la casa, Florita atendía una tienda de ultramarinos y un gallinero, pero a pesar de la carga de trabajo asegura que «antes se vivía mejor que ahora». «Después de casados, éramos felices, luego hemos reñido, pero como todos los matrimonios», confiesa, y reconoce que «me ayudaba también mi marido». Así pudieron criar a cinco hijos, que le han dado seis nieto y dos biznietos, uno de ellos en camino. «Y un nieto que se me va a casar en agosto, por la iglesia, y la novia la conozco, es muy maja», apunta orgullosa. 

Su amor por la familia y su buen humor están presentes en toda la conversación, porque Florita está toda convencida de que los hijos «son una satisfacción muy grande». «El veterinaro que iba a vernos las gallinas decía '¿pero otro vas a tener, Florita? yo no los tengo porque no los quiero' y yo le decía 'cuando los quieras, igual no los tienes'», rememora una conversación que hoy en día vuelve a repetir como consejo a las que aún no son madres.

La preguntarla por qué hay que hacer para llegar a su edad, tiene clara la receta: «Comer de todo, beber coca cola en las comidas y después de la comida, un baile», sentencia entre risas, pero de beber vino, nada de nada, aunque confiesa como una travesura que «alguna vez hago calimocho».

El sábado se reunió con toda su familia en una comida para conmemorar que lleva un siglo de vida y seguro que los recuerdos volverán nítidos a su memoria.