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Valca sigue velada por el olvido pero ya sin residuos químicos

R. PÉREZ BARREDO
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Nada se ha movido en la antigua fábrica de productos fotográficos del Valle de Mena después de que fueran retirados todos los bidones y contenedores que tenían elementos contaminantes

Valca sigue velada por el olvido pero ya sin residuos químicos - Foto: Patricia

El calendario se detuvo en Valca en 1993, como atestigua el que permanece colgado en la pared de uno de los despachos del desventrado edificio de oficinas de la fábrica de material fotográfico de Sopeñano de Mena en la que llegaron a trabajar cerca de 400 personas. También de esa fecha ominosa datan las facturas, los albaranes y algunas hojas de periódicos y revistas ajados que se encuentran por doquier en estas instalaciones fantasmales por las que campa a sus anchas la humedad y el olvido. Eso sí: la factoría languidece ya sin el peligro que constituía que un cuarto de siglo después de su cierre aún quedaran infinidad de bidones repletos de productos químicos inflamables. Todos esos residuos corrosivos, inflamables, comburentes y peligrosos para el medio ambiente fueron retirados en su totalidad hace unos meses, ejecutando una orden emitida por el Juzgado de Villarcayo a instancias de la Fiscalía de Medio Ambiente tras una investigación del Seprona.

Sin embargo, el resto de los espacios de la destartalada factoría (42.000 metros cuadrados de terreno y cuatro grandes edificios industriales que suman 6.500 metros cuadrados construidos), permanecen prácticamente intactos, tal cual se quedaron el día en el que salió de allí el último trabajador. Hay muchas, muchísimas y sorprendentes cosas todavía en su interior pese a los años transcurridos. Adentrarse en este esqueleto de hormigón es como trasladarse en el tiempo, y hacerlo a un lugar en el que se diría que se produjo una espantada súbita, repentina, como si la fábrica hubiese sido abandonada a la carrera; como si hubiese sonado una sirena de emergencia y se deshabitara con tanta velocidad que no hubiese dado tiempo a recoger o a llevarse nada.

Así, los buzos y las botas de trabajo siguen en los vestuarios, como esperando a que lleguen quien habrá de enfundarse en ellos; los laboratorios, más de los mismo: frascos, probetas, máquinas de todo tipo parecen aguardar la llegada de los operarios que los manejen; las carpetas, los archivadores, los disquetes de los ordenadores siguen en armarios y anaqueles; en el comedor, aunque ya no están las mesas, se oxida una paellera y hay botellas de Cinzano, palillos y algo de vajilla. En los talleres quedan herramientas, cascos de obra; en uno de los almacenes aún hay cientos de cajas con calzado; por numerosas estancias se amontonan restos fotográficos, carretes, placas, fotografías reveladas, rollos de negativo, cajas en las que se lee ese nombre que, durante tanto tiempo, formó parte de la cotidianidad de tanta gente. Valca. También, claro, siguen siendo visibles restos de la dura lucha sindical que se llevó a cabo cuando se anunció el cierre de la fábrica: banderines, pancartas, carteles con leyendas reivindicativas...

Valca sigue velada por el olvido pero ya sin residuos químicosValca sigue velada por el olvido pero ya sin residuos químicos - Foto: Patricia

¿Futuro? De origen vizcaíno, Valca (Sociedad Española de Productos Fotográficos S.A), fue una empresa de capital español que fabricaba productos fotográficos y radiográficos. La factoría se erigió en1942 en la Valle de Mena, a orillas del río Cadagua, elemento esencial porque entonces era imprescindible contar con aguas limpias. La empresa se asentó desde el principio y creció exponencialmente, llegando a rivzalizar con sus grandes competidores en el mercado, especialmente con Fuji y con Kodak. Alcanzó su cénit productivo en la década de los años 80, ya convertida en un gran complejo fabril del que vivía prácticamente toda la comarca menesa.

Una de las personas que mejor conocen la historia de esta histórica industria es el historiador Javier González de Durana (fue el comisario de la exposición 'Valca. 25 años revelando historia', que itineró por varias localidades). Defiende González de Durana que Valca fue una empresa sin la que no podría comprenderse el Valle de Mena y ni siquiera España", y siempre ha defendido que algunos de los pabellones podrían reactivarse dándoles un uso cultural, por ejemplo. Aunque los actuales propietarios (que nada tienen que ver con las familias vizcaínas que fundaron la empresa en 1940) no tienen plan alguno para este lugar, hasta ahora uno de los principales impedimentos estribaba en la cantidad de residuos tóxicos y contaminantes que aún conservaba. Estos ya han desaparecido. Quizás Valca pueda revelarse hacia un nuevo futuro.

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