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El mal tiempo frena a los fieles pero no a los comensales

S.F.L.
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La rogativa de La Tabera no concentró a tantos devotos en los actos religiosos como en otras ocasiones, pero en las campas se repartieron 750 raciones de paella, la mayor cifra en 20 años

El mal tiempo frena a los fieles pero no a los comensales - Foto: ALBERTO RODRIGO.

Desde la semana pasada anunciaron que el martes las temperaturas de la mitad norte del país sufrirían un importante descenso. Y el hombre del tiempo no se equivocó. La Bureba despertó ayer con frío y bajo un cielo gris que amenazaba lluvias desde primera hora aunque finalmente respetó la mañana, a excepción de cuatro gotas que se dejaron caer durante el reparto de la paella. No salió el día más apetecible para sacar del trastero el lote de artículos de cámping y comer al aire libre o resguardado debajo de la lona de una carpa en las campas del santuario de Santa Casilda, pero los más fieles en conservar la tradicional rogativa de La Tabera no se perdieron la cita.

Los comentarios «se nota más bajón; la gente no se ha atrevido a venir; no acompaña que se celebre entre semana», podían escucharse entre los grupos de los allí presentes. Incluso los párrocos de Briviesca y el excapellán, Félix Castro, reconocieron que no acudieron tantos fieles como en otras ocasiones. Unos lo achacaban al mal tiempo, otros a que era fin de mes… Aún así, a medida que fue avanzando la mañana, el enclave se fue llenando, no como siempre, pero de gente con ganas de disfrutar de la jornada con familiares y amigos. La festividad de La Tabera, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, volvió a demostrar un año más su poder de convocatoria después de que la pandemia de coronavirus impidiera su celebración desde 2019.

Los actos religioso comenzaron puntuales con la procesión de Santa Casilda y a continuación oficiaron la misa celebrada en el interior de la ermita por varios sacerdotes, entre ellos Henry Osvaldo Gómez y Pablo Dorado. Los más devotos no quisieron perderse uno de los momentos más especiales de la jornada y entraron al templo, donde apenas cabía un alfiler, mientras que otros esperaban en la terraza del bar-restaurante tomando el vermut. Entre los asistentes podían verse alcaldes y alcaldesas de otras localidades de la zona, vecinos briviescanos y residentes de otras ciudades que no conocían el santuario.

Tras algo más de media hora de culto, las autoridades procedieron a la inauguración oficial del juego de La Taba en la mesa ubicada en la plaza. El público se aglutinó en los alrededores para conseguir el mejor sitio para ver las jugadas al tiempo que los políticos hacían sus lances, que curiosamente todos sacaron las primeras veces culo (posición del hueso que da como ganador a los apostantes), a la vez que sonaba la música de los dulzaineros.

¡va taba! Una vez finalizado el juego, ya en las campas se realizó la bendición de la paella, de la que entregaron 750 raciones, la mayor cifra de las últimas dos décadas. Debido al mal tiempo la sobremesa no se alargó tanto y en torno a las 17 horas los comensales recogieron los bártulos y se trasladaron a la ciudad, donde comenzaron las apuestas en los 17 bares que colocaron mesas de juego. Hasta bien entrada la tarde no se apreció movimiento pero según pasaban las horas se llenaron de alegría.