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Quejas vecinales por la deficiente limpieza del Casco Alto

H. JIMÉNEZ
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Restos de botellón, contenedores y papeleras en mal estado jalonan calles y plazuelas del centro histórico de Burgos

Una papelera a rebosar y un contenedor casi en mitad de la calle, justo frente a la puerta de San Esteban. - Foto: Alberto Rodrigo

Estos días de agosto un goteo constante de turistas sube y baja entre el centro histórico y el Castillo. Rodeándola por un lado o por el otro flanquean la iglesia de San Esteban, descubren gratamente sorprendidos el CAB, se asoman al Museo del Retablo y continúan su recorrido de ida y vuelta ascendiendo por la ladera del Castillo. Pero por el camino se topan con latas, pañuelos de papel, excrementos de perros y rastros de orines humanos que no solo les estropean la experiencia puntual sino también el recuerdo con el que se quedan de la ciudad.

Los vecinos de la asociación Casco Alto denuncian la deficiente limpieza de esta zona de la ciudad, un problema que no es nuevo y del que han dado cuenta al Ayuntamiento en numerosas ocasiones, pero que ahora retoman coincidiendo con el cambio de empresa adjudicataria del servicio. «Sabemos que el concejal Josué Temiño es consciente del tema, que se ha preocupado, que ha llamado en varias ocasiones a la empresa. Con la anterior adjudicataria ya acabamos por dejarlo, pero el problema continúa», explica Francisco Bárcena, portavoz del colectivo vecinal.

Miguel Ángel, responsable de recepción del Museo del Retablo, se suma a las reivindicaciones de los habitantes del entorno porque él también sufre la suciedad. «Suben riadas de gente y se encuentran con restos de todo tipo que se acumulan durante días. Algunos se quejan y te lo comentan, y no puede ser que se lleven esa mala imagen de Burgos», subraya.

El botellón es una parte importante del problema. Cuando los jóvenes (o ya no tan jóvenes) quedan para beber en las faldas del Castillo acaban dejando vasos de plástico, cristales rotos y bolsas entre la maleza que no se recogen y que acaban volando por las calles del entorno. En verano este factor disminuye, pues una gran parte se traslada a las fiestas de los pueblos, pero los vecinos temen que en septiembre todo vuelva a complicarse.

Y no solo es el botellón lo que da mala imagen o deja suciedad. El mal estado del contenedor que se ubica justo a la puerta de San Esteban o el de la plaza de los Castaños son dos perfectos ejemplos del deterioro que han sufrido por toda la ciudad los depósitos de residuos, pendientes de ser renovados a lo largo de los próximos meses. También las papeleras o los contenedores soterrados necesitan ser reemplazados, adecentados o reparados. Su imagen es lamentable.

Trabajadores ejemplares. Con su denuncia pública la asociación Casco Alto pretende lanzar «una llamada de atención» para que la nueva concesionaria, Urbaser, fiscalice correctamente la labor que desempeñan sus trabajadores, pero de sus críticas libran a tres empleados muy concretos «que hacen todo lo que tienen que hacer y más». Los citan por su nombre: Eduardo, Abdul y Javier. De ellos cuentan que «todos los vecinos reconocen su labor y si no están se nota», subraya Francisco Bárcena. Ahora solo falta que sus ausencias no sean clamorosas y el nivel de limpieza sea constante.