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Objetivo: salir de los últimos puestos

Javier Herrero (EFE)
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Nunca se sabe qué puede pasar en Eurovisión, pero España necesita un 'pelotazo' para abandonar las puntuaciones a base de 'limosna'

Objetivo: salir de los últimos puestos

España se ha convertido en la última década en vecina habitual de los últimos puestos en Eurovisión, mientras algunos de los países de su entorno, como Italia, Francia o Portugal, pelean por las primeras posiciones. Los expertos se plantean: ¿qué se puede hacer para salir del fondo del pozo?

En el concurso europeo de canciones más famoso del mundo concurren una media de 41 países cada año (39 esta edición), pero «solo los 10 temas que más le gustan a cada persona recibe puntos, y eso es básicamente lo que nos pasa a nosotros», recuerda Víctor Escudero, redactor en la web oficial.

Conseguir una candidatura que perdure en el recuerdo es el objetivo para no dejar el marcador a expensas de las limosnas. Eso comienza con algún hito que provoque una corriente de credibilidad que haga valorar cada candidatura con otros ojos, como han conseguido Bulgaria, Rusia o Suecia.

«En Suecia también sentimos durante muchos años que no había forma de conseguir un buen resultado y, cuando aún buscábamos las razones, de repente ganamos con Loreen y las cosas empezaron a irnos muy bien», valora Martin Österdahl, el máximo responsable del festival como supervisor ejecutivo. Con años de experiencia en la organización del Melodifestivalen (un fenómeno televisivo en Suecia que sirve para elegir la canción de Eurovisión), insiste en que «todos los países pueden tomar las riendas de su destino en el concurso trabajando con selecciones nacionales, con la producción del festival... y que los patrones que llevan a la victoria cambian con el tiempo».

«Eurovisión es un concurso. Siempre va a haber un ganador y todos los demás serán perdedores en distintas medidas», señala Escudero, pero no haber pasado en la última década del puesto 21 más que en dos ocasiones «da que pensar en si se está haciendo algo mal desde arriba con la elección de las canciones».

Salvo casos recientes como el de Barei o Miki Núñez, España tiene tendencia a apostar más por los intérpretes que por las canciones y casi siempre bajo una noción de «lo que es eurovisivo». Lo hace RTVE cuando elige a su candidato de manera interna (Pastora Soler, Edurne o Blas Cantó) y lo ha hecho la audiencia cuando ha podido elegir (Amaia y Alfred en detrimento de Lo malo de Aitana y Ana Guerra).

«La clave igual no está en el artista, porque en ese sentido podemos estar contentos», considera Escudero, para quien «hay que seguir probando estilos», especialmente aquellos que funcionan en la música en español en el mercado internacional. «Igual el día que lo hagamos ya es tarde», previene.

De esa opinión es José García, de la web de referencia EurovisionSpain, que apuesta por dejar el proyecto en «otros profesionales muy cualificados» de RTVE que pueden desarrollarlo «con criterio y con visión, sabiendo lo que puede funcionar y representar la música».

«Como nosotros no tenemos un Melodifestival o un San Remo, ideemos otras fórmulas, como hacen otras delegaciones», apuesta. A Eurovisión hay que llegar con algo testado, que sepas que funciona con públicos diferentes», asevera.