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Locos por el rock

ALMUDENA SANZ
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Acción Musical Burgos reanuda la maquinaria tras la pandemia con la misma filosofía: programar bandas al margen del circuito comercial con el fin de disfrutar y que la ciudad no desaparezca de ese mapa

Elena Ibáñez, José Martínez, Mario Martínez y María Ordóñez, de i. a d., son cuatro de los 50 socios de este colectivo sin ánimo de lucro nacido hace cinco años. - Foto: Patricia

Aunque las palabras rutina y rock&roll juntas rechinan, antes de la pandemia habían conseguido una venturosa convivencia. Acción Musical Burgos, la asociación nacida en 2017 para paliar la orfandad que muchos locos de este sonido habían sentido tras el cierre de la Sala Estudio 27, había logrado acostumbrar a sus amantes a tener una o dos fechas al mes coloreadas de rojo. Llegó el coronavirus, apagó los directos, cerró los locales y mandó a todos a bailar a su casa. 
Después de dos años de parada total, tras mucho debate, mucho mirar a los lados y mucho revisar datos, resolvieron volver a poner la maquinaria en marcha y subir de nuevo a los escenarios a esas bandas de rock, con todos los apellidos y de todas las procedencias, ajenas a los circuitos comerciales. 
Cinco conciertos ya tienen en agenda: Porco Bravo y Los Pelukeros de Punset (hoy viernes en el Sohho, 21.00 horas), The Capaces (5 de marzo), Sindicato Vertical (26 de marzo), Wolfwolf (30 de abril) y Black Mambas (13 de mayo). 

María Ordóñez (presidenta), José Martínez, Elena Ibáñez, Mario Martínez y Emilio Miguel, sentados en una mesa del Carabás, cada uno con su botellín de Mahou, como buenos roqueros, hablan con entusiasmo de este regreso a las salas, de este volver a sentirse vivo, de este botar con la cerveza en la mano sin tener que dormir fuera de casa, de este reencontrarse con viejos conocidos a pie de pista. 

«¡Volvemos con unas ganas terribles!», convienen todos con la felicidad dibujada en la cara y la misma filosofía en el bolso: hacer que Burgos siga en el mapa del rock&roll y su gente no tenga que salir de la ciudad para gozarlo. 

«Tenemos mucho abanico que cubrir. Hay muchos estilos, rockabilly, punk, clásico... Lo hacemos por gusto y nuestros gustos son muy diferentes», anotan convencidos de que su labor aún es necesaria, aunque, pese a su corta trayectoria, han abierto mercado. «Ahora algunos de los promotores contactan directamente con las salas. ¡Están viniendo unos garageros increíbles! Se está animando», asegura Miguel y confiesa que ojalá fuera así siempre y ellos se preocuparan exclusivamente de comprar la entrada anticipada y ¡disfrutar! 

Pero ese mundo ideal todavía se resiste. La pandemia desbarató todo. También los planes de la asociación. Paró en seco con el anuncio del primer estado de alarma en marzo de 2020. Suspendió el concierto de Nuevo Catecismo Católico y The Capaces, a estos los recuperan ahora, y en silencio aguantó hasta el pasado 11 de noviembre, que lo rompió con los británicos MFC Chicken. 

«En este tiempo hemos estado intentando que no se perdiera el vínculo para mantener la asociación, pero también pendientes de en qué embolados te metías. Pasaba una ola y había conato de reiniciar, pero programabas para dentro de un mes y ya venía otra. Era imposible. Apostamos por la prudencia», exponen Ordóñez e Ibáñez. 

Observan que en su contra iban las restricciones para las salas en Castilla y León, ni los apetecía bailar sentados y sin beber ni la reducción de aforo hacía viable económicamente la aventura -«si no tienes muy buena entrada no te compensa traer a un grupo; no estamos para ganar dinero, pero tampoco para ponerlo»-, y la falta de giras, se movían poco las bandas nacionales y nada las internacionales. 

Ahora la ola baja, el volumen sube y Acción Musical Burgos avanza imparable. Siempre a ritmo de rock.