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Fernando Jáuregui

TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Todos juntos, en perfecta desunión, hacia el desastre

17/09/2022

El más mínimo sentido común permitiría suponer que, cuando negras perspectivas se abren para la ciudadanía, quienes la representan o aspiran a representarla cerrarían filas en busca de programas comunes, uniendo fuerzas y, en expresión muy en boga que me resulta algo tópica y manida, 'arrimasen el hombro' tratando de consensuar soluciones para paliar posibles desastres, o casi.
Pues todo lo contrario: no solo la brecha entre derecha e izquierda es hoy mayor que nunca, impidiendo acuerdos transversales, sino que, para colmo, los propios partidos se cuartean en torno a cuestiones que, en comparación con el horizonte energético-inflacionista que se nos presenta gracias al afán de Putin por destruir Europa, son francamente secundarias.
No hay un solo partido político en España libre de tensiones internas, que muestran hasta qué punto la molicie, los programas etéreos y las ocurrencias diversas, para no hablar de la obsesión por la batalla electoral, distraen a nuestras formaciones de la que ahora sería su tarea fundamental: sacarnos de esta, a quienes les votamos y les pagamos, en la medida de lo razonablemente posible.
El recuento del desentendimiento intestino comienza, claro está, por la coalición gubernamental, que aprovecha la más mínima ocasión, pongamos la adhesión de Suecia a la OTAN (¡¡!!), para mostrar sus discrepancias, que ya ni son noticia, de tan frecuentes. El propio PSOE aparece tan dividido generacionalmente que ha de aprovechar el 40 aniversario de la victoria electoral de Felipe González el 28 de octubre para tratar de ofrecer una imagen de partido fuerte y unido, y olvidando rencillas por venir, como, sin ir más lejos, la selección de un candidato a la alcaldía de Madrid.
También en el PP advierto diferencias que no son de mero detalle, desde las reacciones ante el 'impuestazo' energético del Gobierno hasta las que suscita, a favor o en contra, el 'catalanismo' que Núñez Feijóo exhibe en un intento de ganarse el apoyo de un constitucionalismo diluido e inerte en Cataluña. Y ya que hablamos de esta Comunidad, causa estupor el grado al que han llegado las divergencias en el secesionismo, entre Esquerra y Junts, que pueden dar al traste con el Govern de Pere Aragonés, lo que no sería buena noticia precisamente para la Mesa de negociación con el Gobierno central de Pedro Sánchez. Reconozcámoslo: resulta, a estas alturas, muy difícil seguir los avatares de la ilógica política catalana.
En Podemos es evidente el desconcierto, desde Andalucía hasta Galicia, sobre hasta dónde llegar en la alianza con el naciente Sumar de Yolanda Díaz o hasta dónde separar ambas opciones. Es un secreto a voces que las relaciones entre Díaz y las ministras 'podemitas' Ione Belarra e Irene Montero no pasan precisamente por su mejor momento, abriendo un panorama de incertidumbre total sobre el futuro de la 'izquierda de la izquierda'. Y, por fin, en Vox atisbamos los zarpazos del desencuentro entre Santiago Abascal y Macarena Olona, que, si las heridas se enconan, podría acabar en un intento de crear una nueva formación 'a la derecha de la derecha'.
De locos, sí, porque la mayor parte de lo arriba apuntado se debe a luchas más o menos soterradas por el poder, que incluyen el lanzamiento de ideas que solo buscan ocupar un espacio en los titulares de prensa para opacar a los titulares de los demás. Y creo que, a veces, los medios también caemos, quizá inevitablemente, en esa trampa que nos tienden, que se tienden a sí mismos, de un paisaje bipolar. Uno, como mirón y espectador que desde hace tantos años es, solo puede constatar, desde las almenas del derruido castillo de la pretendida imparcialidad, cómo el ejército de Pancho Villa se prepara para mil batallas dispersas, insulsas e intrascendentes, mientras sobre sus/nuestras cabezas planea algo muy parecido al desastre.