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Fernando Aller

DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Hijos del exceso

29/10/2021

La sobreactuación se impone a la reflexión sosegada y el titular oculta el contenido. Son tiempos en los que prima la exageración ante la necesidad, para algunos apremiante, de hacerse notar cuando lo que dicen o aportan no es notable. Incluso puede ser falaz. El ministro de Consumo, Alberto Garzón, arrimado a Podemos desde su posición en el olvidado liderazgo de Izquierda Unida, ha reiterado la ocurrencia de atribuir la obesidad de los niños españoles al excesivo consumo de azúcar. Y ni es el factor más determinante del exceso de peso que padecen uno de cada tres niños en España ni el problema se resuelve aleccionando a padres y madres a rebajar el presupuesto en chuches. Tampoco es que este tipo de campañas influyan significativamente. Al menos eso cabe deducir atendiendo a la contumacia del ministro un año después de otra campaña más exagerada, y cabe deducir de menguados resultados, cuando el sobre de azúcar adquiría imagen de cigarrillo o porro bajo la leyenda «El azúcar mata».
Los productores del azúcar se han sentido agredidos y han replicado, no es para menos, con la misma carga de afectación. Los sindicalistas afean al ministro que no haya visitado las fincas de remolacha y las fábricas para conocer a los «hijos del azúcar», término acuñado por el presidente de la cooperativa azucarera Acor. Los primeros ven peligrar un sector que da empleo a seis mil familias de agricultores en España, a dos mil empleados en fábricas y a 25.000 empleos indirectos. En el mundo se producen unos 180 millones de toneladas de azúcar, de los cuales solo 40 millones se cultivan en la UE. España apenas aporta medio millón de toneladas, ni siquiera la décima parte que Francia, Alemania o los Países Bajos. El problema, por lo tanto, hay que situarlo más allá de nuestro ombligo. No parece apropiado establecer relaciones entre salud y economía, no pueden ser términos excluyentes. Ojalá esta misma defensa extrema de posiciones se hubiera librado por el control español de su propio mercado del azúcar, aquella guerra perdida sin reseñables batallas. La estridencia de las palabras no oculta la ineficacia histórica de los hechos.