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Teatro para afrontar los cambios y no olvidar

R.E.C.
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El monasterio de San Juan acogió en las ruinas de la iglesia y en la Sala Capitular los espectáculos de las compañías burgalesas Tiritirantes y Teatro Atópico, destinados para el público infantil

Los malabares y las acrobacias fueron los protagonistas de ‘Érase una vez...’. - Foto: Luis López Araico

Las ruinas de la iglesia del conjunto monástico de San Juan fueron el mejor escenario para reproducir el castillo en el que se desarrolló Érase una vez..., el espectáculo de la compañía local Tiritirantes.

Sólo hizo falta que dos imponentes centinelas saltaran a escena para enmudecer el murmullo que se percibía de los asistentes y tan solo un poco de clown para que estos dos personajes consiguieran así cautivar a los más pequeños e involucrarlos a lo largo de los sesenta minutos que duró la narración.

Un cuento moderno con aires de medievo donde no faltaron los reyes y las princesas, los bufones y los verdugos, los mensajeros y los tullidos y, por supuesto, los villanos. Por allí se dejaron ver incluso dos vascos, probablemente de Bilbao, porque ya se sabe que no les vale con nacer donde les da la gana, que también viajan en el tiempo.

Y es que en el Reino de Pretinia nada es lo que parece. Desde un mendigo con Bizum -un sistema de envío de dinero a través del móvil-, hasta una moderna heredera al trono con pelo teñido, ropa estrafalaria y colorida que baila al ritmo de la música en inglés. Vamos, que hoy en día se llamaría una influencer.

En definitiva, numerosos y variopintos personajes interpretados por dos actores en un frenético cambio de vestuario, que narraron las peripecias de un reino para reinventarse, salvar a la princesa y no caer en las manos del malvado.

Guiados por técnicas circenses, teatro de humor, efectos especiales y música que viró desde la ópera clásica hasta el heavy, pasando por notas del viejo oeste e incluso de la mítica película de Rocky Balboa. 

Todo para terminar con una gran ilusión final que permitió salvar los dominios del rey, convertir su reino en el más original y descubrir, entre otras cosas, que la música y la cultura son seguras.

En el mismo lugar pero en la Sala Capitular se recreó, en un ambiente más íntimo, Félix y Tierra, de Teatro Atópico. Una representación cuyo objetivo principal fue la de rescatar la imagen del naturalista y divulgador burgalés Félix Rodríguez de la Fuente y difundir, entre las nuevas generaciones, su valioso e importante legado (...).

(Más información, en la edición impresa de Diario de Burgos de este lunes o aquí)