Solo 7 de cada mil burgaleses organizan el final de su vida

A.G.
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Todavía son pocas las personas que piensan en su final y lo preparan. - Foto: Luis López Araico

La mayor parte de quienes han registrado su testamento vital son mujeres. La media de edad a la que se hace son los 59 años

Vivimos en una sociedad que le da la espalda a la muerte y aunque es algo por lo que, inevitablemente, pasará todo el mundo no forma parte de las conversaciones, no se habla de ella. Da miedo, ansiedad y preocupación pensar en la enfermedad y en el adiós final. Y quizás sea este pavor lo que provoca que muy poca gente haya formalizado las instrucciones previas -también se llama voluntades anticipadas o testamento vital- desde que existe la posibilidad de hacerlo. En el año 2003 la Ley sobre derechos y deberes de las personas en relación con la salud de Castilla y León hizo posible que se realizaran documentos en los que se incluyeran los deseos de las personas con respecto a sus cuidados y tratamientos en el final de la vida para cumplirse en el momento en el que no pudieran ser expresados personalmente, y en 2008 se puso en marcha el Registro de Instrucciones Previas, que, diez años después, incluye los documentos de 2.023 burgaleses,  apenas siete de cada 1.000 personas mayores de edad. 
El número de burgaleses que han organizado el final de su vida ha ido creciendo en todos estos años  aunque muy lentamente. Así, en los primeros cinco años de vigencia del registro, hasta 2013, se incorporaron 888 testamentos vitales. A partir de ahí, en 2014 fueron 160; en 2015, 195; en 2016, 261; en 2017, 260 y en 2018, 159, por lo que, incluso, en los últimos años se han reducido aunque de forma muy insignificante. Con respecto al resto de la comunidad, los burgaleses han firmado el 18,4% de testamentos vitales del total.
Existen tres posibilidades para  realizar las instrucciones previas: ante notario (por la que se han decantado, en el año 2018, 44 personas), ante testigos (14) y ante personal de la Administración (201) que puede acercarse al domicilio de la persona si tiene alguna discapacidad o está impedida por una enfermedad. En el primer caso, el profesional garantiza que la persona tiene capacidad de decidir sobre qué quiere que pase con su cuerpo y su salud al final de la vida, que está bien informada y que lo que se recoge en el documento se corresponde totalmente con su voluntad. En el segundo, necesita tres testigos mayores de edad.
Por sexos, son las mujeres las que más piensan en el final, probablemente porque muchas son cuidadoras -de padres, madres, suegros, hijos enfermos- y han visto situaciones que no quisieran para ellas. De las 2.023 personas que registraron su testamento vital, 705 fueron hombres y 1.318, mujeres. La edad media de todos ellos se sitúa en los 59,2 años. 
¿QUÉ INCLUYE? Un documento de instrucciones previas puede incluir instrucciones sobre qué cuidados o qué tratamientos acepta o rechaza la persona que se le apliquen cuando se encuentre en una situación clínica de pronóstico irreversible y que evolucionará hacia la muerte en un periodo cercano, y en la que ya no esté capacitada para verbalizar sus deseos. También se puede señalar cuál quiere que sea el destino del cuerpo y qué hacer en relación al destino de los órganos: donación, investigación, etc. Los expertos explican la conveniencia de que se incorpore, además, alguna reflexión sobre sus valores, creencias o maneras de entender la vida y el proceso de la enfermedad y la muerte para ayuda a interpretar las previsiones del testamento vital y facilitar la toma de decisiones.
En el modelo que ofrece la Junta para cumplimentar aparecen varios supuestos que el interesado puede suscribir marcando con una equis la casilla. En el primero se señala que no quiere que se dilate su vida por medios artificiales, tales como técnicas de soporte vital, fluidos intravenosos, fármacos o alimentación artificial; en el segundo, que desea que se le suministren los fármacos necesarios para paliar al máximo el malestar, sufrimiento psíquico y dolor físico causados por la enfermedad o por falta de fluidos o alimentación, aún en el caso de que pueden acortar la agonía, y en el tercero, que es su voluntad que se apliquen las medidas médicamente apropiadas para prolongar su vida, independientemente de su estado físico o mental. A estas posibilidades, la persona que lo firma puede añadir aquellas indicaciones que desee.


TESTIMONIO
"Lo hemos hecho para evitar un mal morir"
Paola y Arturo son un matrimonio burgalés de 64 y 69 años que en 2010 decidieron cumplimentar su testamento vital. "Me planteé hacerlo sí o sí -dice ella- porque no quería que me ocurriera como a un familiar cercano al que le quisieron poner una sonda nasogástrica para obligarle a comer cuando estaba en condiciones muy poco vitales, no quería pasar por ahí". Las gestiones las hicieron en la Junta "con una funcionaria muy amable" y ninguna dificultad administrativa: "Recuerdo que me impactaron las propuestas que nos hacía para que constaran porque eran cuestiones que a lo mejor no te habías planteado y que te enfrentaban a situaciones duras de oír como no querer que te alargaran la vida en ciertas circunstancias, cosas me ponían los pelos de punta. Recuerdo que me emocioné mucho al pensar en que no será una decisión que tengan que tomar mis hijos cuando llegue el momento porque ya lo he hecho yo de forma muy consciente: No quiero estar muerta en vida sufriendo y haciendo sufrir a mis familiares ni alargar una situación sin futuro". 
Tanto ella como su marido no tienen claro si en el ordenador de cualquier centro sanitario aparecerá su testamento vital en el momento en el que ingresen y a él le preocupa  que tengan que ser dos médicos los que confirmen la situación irreversible: "En esta ciudad, y después del miedo metido en el cuerpo a la profesión médica con el proceso indigno al doctor Montes, a lo peor resulta difícil". Arturo afirma que tanto él como su mujer han realizado las instrucciones previas "para evitar un mal morir y que la familia tome la decisión y tengo claro que lo que pretende el testamento es una ortotanaxia porque la eutanasia no es legal, por desgracia".