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Belén Delgado

Plaza Mayor

Belén Delgado


La dignidad tras una valla

04/07/2022

Imaginen que un familiar suyo sufre un atropello en un paso de cebra y con el semáforo en rojo. Apenas tiene una rotura en una pierna, pero en el hospital le colocan mal la escayola, la pierna se gangrena y acaba falleciendo.¿Usted le echaría toda la culpa de la desgracia al conductor infractor? Algo así me parece que está pasando con el tratamiento de choque que sufrieron los inmigrantes subsaharianos que trataban de saltar la valla entre Nador y Melilla. Con docenas de muertos y heridos apiñados en el suelo ante la pasividad de las policías marroquí y española. Con vídeos mostrando cómo los agentes de nuestro recuperado 'socio preferente' del Norte de África cruzaban la verja para aplicar su 'doctrina' en territorio español. Con testimonios recogidos por la solvente CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado) que relatan cómo los agentes de Mohamed VI arrojaban piedras contra la masa de hombres indefensos... Y la culpa de todo esto la tienen, según nuestro presidente del Gobierno, las mafias que trafican con seres humanos.

Por muchas cumbres de la OTAN de las que seamos anfitriones, nada nos equipara a uno de esos países nórdicos que tanto admiramos si no somos capaces de separar la estricta aplicación y exigencia de los derechos humanos en lugar de aquella norma propia del Far West de «tenemos un problema y lo hemos solucionado».

Los Estados del sur de Europa, en especial España e Italia, son los que más notan la presión migratoria. Y por eso parecen competir en insensibilidad y dureza a la hora de rechazar su llegada. Y externalizan la gestión con dinero público que acaba en otro tipo de mafias: las oficiales de gobiernos como Marruecos, Argelia o Sudán, donde la transparencia brilla por su ausencia y donde el dinero que Bruselas otorga para controlar y atender a los emigrantes irregulares termina desapareciendo.

El presidente de Melilla, Eduardo de Castro, la ciudad donde ha ocurrido esta vergüenza no puede decirlo más alto y claro. «Podemos levantar la valla más alta del mundo, pero los inmigrantes buscarán la fórmula para entrar. No van a parar». La pregunta es cuánto de alta quedará tocada nuestra dignidad como país si seguimos por este camino.