Una ruptura anunciada

Javier Villahizán (spc)
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Los Beatles empezaron a colapsar tres años antes del anuncio de separación de McCartney en abril de 1970, cuando los cuatro de Liverpool iniciaron un camino de no retorno tras la muerte de su manager y una vida plagada de egos y drogas

Una ruptura anunciada

Paul abandona los Beatles, ese fue el titular a toda página del Daily Mirror el 10 de abril de 1970. La banda más famosa e idolatrada del planeta aquellos últimos 10 años y la que marcaría la Historia de la música rock decía adiós para siempre, y eso era algo que entonces sus millones de fans no se lo perdonaban.
Sin embargo, las hecatombes no suelen venir de repente. A menudo son procesos larvados en el tiempo que acaban aflorando de forma natural o que surgen de manera abrupta, como sucedió en la separación de los cuatro de Liverpool.
Pero, ¿a qué se debió el naufragio? A priori, el grupo estaba formado por un cuarteto de amigos a los que les gustaba componer, tenían un enorme éxito y solo llevaban 10 en la carretera. Quizás, ¿murieron de éxito... o de egos?
La realidad siempre es más amplia de lo que parece y los analistas, cinco décadas después de la ruptura y tras conocer las distintas opiniones de algunos de sus componentes sobre este tema, son tajantes. Hartazgo, problemas legales, presiones financieras, Yoko Ono, bajones anímicos, egos fuera de control, la muerte del manager, heroína, LSD... Se trata de un montón de piezas sueltas, que si se unen como deben en la agitada década de los 60 da lugar a la ruptura del grupo más influyente en la Historia de la música.
Pero no fue algo que pasara de la noche a la mañana. Uno de los factores más determinantes en la disolución de los Beatles fue su cada vez más creciente desarmonía como banda y sus continuos roces artísticos. Cada uno de ellos -John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr- eran cuatro versos libres que estaban apostando por carreras en solitario años antes de que explotará McCartney en abril de 1970. 
También influyó el cierre de sus giras. Los Beatles dejaron de tocar en vivo en 1966. Además, estaban hartos de los tours frenéticos y de los numerosos y continuos gritos de los fans durante los conciertos, lo que acababa impidiendo que se apreciara la calidad de sus canciones.
Pero el golpe más duro para el grupo fue la muerte de su manager, Brian Epstein, en 1967. A partir de ese momento los Beatles fueron otros y ellos sabían que ya no estaban unidos. «Los Beatles terminaron cuando Brian nos dejó. Después de eso, colapsamos», llegó a decir Lennon, uno de los más afectados por su desaparición.
Epstein, el hombre que los descubrió, les puso traje y corbata, los peinó con su mítico flequillo y los lanzó a la categoría de dioses, había muerto por una sobredosis. 
1968 fue un año de desorientación, de pérdida, de deambular sin saber muy bien qué meta y qué objetivo perseguir. 
A finales de ese año, los Beatles lanzaron Álbum Blanco, un trabajo que la crítica definió como un disco realizado por cuatro artistas individuales, a pesar de un resultado final más que original, exótico y con reminiscencias del blues y del rock.


El desenlace

Paul McCartney era el único que había tomado el testigo de Epstein y era también el único que daba la impresión de mantener el grupo unido -sin embargo, a la postre, fue su traidor-. Planteó retomar las giras, pero todos se opusieron y entonces propuso filmar los ensayos de un último disco y sacar una película con el resultado de ese proceso: Let it Be.
Las sesiones de lo que iba a ser el nuevo disco empezaron el 2 de enero de 1969 en los estudios cinematográficos de Twickenham de Londres. Pero pronto descubren que la dinámica no encaja con la coyuntura del grupo. Estaban acostumbrados a trabajar en los estudios EMI a sus anchas y durante largas sesiones nocturnas que se extendían a menudo hasta la madrugada. Sin embargo, los Twickenham eran muy fríos y tenían mala acústica. Y al tener que contar con el equipo de grabación del documental, tenían que ensayar durante la mañana y la primera parte de la tarde. Aquello no cuajaba.
El ambiente en el grupo estaba cada vez más caldeado. De los cuatro, solo Paul McCartney mostraba interés por sacar un buen álbum. John Lennon, junto a Yoko Ono, pasaba por una adicción a las drogas que reducía totalmente su interés por la música. Mientras, George Harrison se sentía menospreciado por el resto de sus compañeros, que no apreciaban su virtud como compositor y Ringo Starr, por su parte, se dejaba llevar. A pesar de todo, los cuatro llegaron a un acuerdo, además de grabar un nuevo disco, deciden ofrecer un último concierto.
La preocupación de hacer un show multitudinario les superaba. Cómo, dónde y qué fecha era algo de lo que estaban de vuelta. Así que optaron por subirse al tejado de los Apple Corps y ponerse a tocar. A la hora del almuerzo del 30 de enero de 1969, los Beatles tocaron el que era el primer concierto desde la gira americana de 1966 y el que sería, de forma definitiva, el último.
El grupo interpretó varias de las canciones que habían ensayado durante las semanas previas. Fue tal la expectación que se originó en los alrededores del edificio, que las calles adyacentes se llenaron de fans y curiosos que no podían dar crédito a los veían y oían. La banda tocó hasta que las quejas de los vecinos de la zona llevaron a la Policía a poner fin al concierto. Varias de las canciones terminaron por incluirse en el disco Let It Be y el concierto en la azotea es recordado hasta nuestros días como una auténtica revolución en la Historia de la música.
A partir de aquí, la narrativa de los Beatles es de sobra conocida. Let it Be , LP y película, se estrenaron el 8 de mayo de 1970, casi un mes después del anuncio de McCartney de la disolución del grupo, aunque fue Abbey Road el último en grabarse. 
Hoy, medio siglo después de ese acontecimiento, el mundo rinde homenaje a los cuatro de Liverpool, un cuarteto que consiguió marcar una época en la música que vino después.