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Editorial

Mañueco inicia su mandato con Vox prometiendo diálogo y moderación

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La toma de posesión de Alfonso Fernández Mañueco como presidente de la Junta de Castilla y León estuvo marcada ayer tanto por las presencias como por las ausencias. Entre las primeras, la de la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que logró acuñar el mensaje del día con su socialismo free, la del expresidente del Gobierno Mariano Rajoy y la de la secretaria general del PP, Cuca Gamarra, que quisieron acompañar al jefe del Ejecutivo regional en una ceremonia especialmente relevante por constituir el preámbulo del futuro Gobierno de coalición con Vox. Sin embargo, el nombre más citado, pese a no acudir a ese acto, fue el de Alberto Núñez Feijóo. La oposición al completo y buena parte de los analistas políticos achacaron esta decisión del líder del PP a un deseo de no compartir foto con Santiago Abascal para evitar un desgaste en su fulgurante proyección pública. 

Sea este el motivo o cualquier otro, lo cierto es que escudarse en su apretada agenda no parece lo más adecuado, pues podría interpretarse que para el presidente popular Castilla y León no entra dentro de sus prioridades, lo cual, por otra parte, resulta evidente que no es verdad. Aunque en sus comparecencias públicas Feijóo ha mostrado su apoyo a este pacto, su presencia ayer en el edificio de las Cortes regionales hubiera lanzado dos mensajes claros: su apoyo explícito al acuerdo y su respaldo a Mañueco en su día más emotivo.

El Gobierno que ayer echó a andar nace ya entre críticas generalizadas de la oposición sin haber tomado ni tan siquiera una decisión. «Toda España nos observa», admitió Mañueco, pero el manido discurso de la entrada de la ultraderecha, que puede resultar efectivo en un primer momento, pierde toda la fuerza después de haberse repetido hasta la saciedad desde el mismo día de las elecciones, hasta el punto de resultar contraproducente para quien hace de él su única narrativa. Al menos la ministra de Educación, Pilar Alegría, aunque criticando que se dé espacio en el Ejecutivo a un partido que está en contra del modelo autonómico, garantizó la colaboración del Gobierno central y su lealtad institucional.

Tal y como dijo Mañueco en su discurso, «la política no es solo repartir los recursos públicos», y por eso dejó claro algunos aspectos de la nueva etapa. Así remarcó su compromiso con la moderación y el diálogo, dos términos que ayer tenían un especial significado, y su intención de formar un Gobierno «fuerte, sólido, estable y con experiencia». Estos atributos explican la continuidad en su gabinete, en el que solo entra María González Corral como consejera de Movilidad y del que sale Ángel Ibáñez, que regresa a la viceportavocía del grupo parlamentario popular en las Cortes, donde las cosas, advirtió Mañueco, se pondrán difíciles.