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Se buscan camareros para el Sonorama y fiestas de Aranda

L.N.
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En el sector admiten que este verano se apañarán «como sea» ya que encontrar camareros y cocineros «más que difícil resulta imposible». Dos locales han cerrado por falta de personal

Una camarera atiende a una familia en un establecimiento ubicado en la Plaza Mayor de Aranda de Duero. - Foto: Christian Castrillo

En líneas generales, la hostelería no atraviesa por su mejor momento. Tampoco la arandina. Habitualmente, bares y restaurantes tienden a reforzar sus plantillas durante el verano, especialmente por el festival Sonorama Ribera y las fiestas patronales que se celebran en septiembre. Sin embargo, este año el sector acusa una preocupante falta de personal que también afecta a la construcción, agricultura o viticultura. Los responsables de distintos establecimientos de la capital ribereña admiten que cuesta «horrores» encontrar profesionales y no ocultan su preocupación de cara a las próximas semanas.  

«Cada uno nos vamos a apañar como podamos, reforzando con extras, pero va a ser complicado», admite Nuria Leal, presidenta de la Asociación de Hosteleros de Aranda y la Ribera (Asohar). Lamenta que no exista una bolsa de trabajo «de la que poder tirar» ni tampoco una empresa de camareros que pueda satisfacer toda la demanda que se genera con un evento de semejante magnitud como Sonorama, que este año celebra su 25 aniversario. Tan sólo existe una empresa en la zona que presta este tipo de servicio «y ha pasado de tener 60 personas en plantilla a 15 porque no hay gente». 

Visto lo visto, Leal entiende que habrá quienes opten por traer a empleados de fuera que quieran trabajar temporalmente durante los fines de semana y remata:«Hasta donde lleguemos, no podemos luchar contra la falta de personal. Hay que pensar que el servicio no se va a dar como nos gustaría, posiblemente, porque ahora mismo no hay gente».

En esta línea también se expresa José Zapatero, gerente de El Lagar de Isilla. Cuenta que necesitan al menos otros cinco trabajadores de aquí hasta el 12 de octubre, pero no hay manera. Ni camareros, ni cocineros. En su caso, se ha apoyado en una empresa nacional de recursos humanos y ni con esas. «No conseguimos personal y reforzar es esencial. Si falla alguien de la plantilla, se complica bastante». En su opinión, «hay quienes se conforman con recibir una ayuda y eso complica encontrar empleados». Por ello, aboga por fiscalizar y controlar «muy bien» quién necesita realmente el subsidio. Las dificultades llegan a tal punto que a los nuevos empleados ya no les exigen tantos conocimientos del sector como antes, «basta con que tengan ganas», sostiene Zapatero, mientras reconoce que estas circunstancias provocan en el sector «un sufrimiento que nadie imagina». 

De continuar así, el responsable de este bar-restaurante, uno de los de mayor solera en Aranda de Duero, advierte que se verían obligados a cerrar alguna tarde.De momento, abren todos los días a excepción del domingo por la noche. 

Aunque en el restaurante Cumpanis, premiado recientemente con un Sol Repsol, no refuerzan la plantilla en Sonorama porque hacen prácticamente lo mismo que el resto del año, sí que buscan personal de cocina y sala. Su gerente, Pilar Velasco, asegura que «más que difícil, se ha vuelto casi imposible. Estamos igual todos. Nos llamamos y preguntamos '¿conoces a alguien?'». Sin demasiado éxito. Las ofertas de empleo no suelen recibir demasiados cv, ni de gente de Aranda y la Ribera del Duero ni tampoco de fuera.De hecho, Velasco apunta que algunos carteles en los que se anuncia la búsqueda de personal «están ahumados» por el paso del tiempo. 

Día a día. Así  las cosas, en el sector cunde la preocupación. Dos establecimientos ya han tenido que cerrar, al menos temporalmente, por la falta de personal. «Ves lo que pasa a tu alrededor y no gusta», admite David Izquierdo, jefe de cocina del restaurante El 51 del Sol. En su caso, la plantilla está cubierta. Se trata, dice, de «un equipo impresionante».No obstante, siempre cuentan con alguien en cartera:«Toca ir día a día».   

También Evelio Peñacoba, dueño de El Coto, constata que le haría falta «alguien más». En verano pasa de 3 a 6 empleados y él, como responsable, se emplea aún más a fondo: «No me queda otro remedio que hacer más horas. Está difícil».