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25 años a bocadillos

ALMUDENA SANZ
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Viñetas inició su andadura como librería dedicada exclusivamente a cómic cuando Burgos era un erial y, página a página, ha crecido con cabida a más géneros sin descuidar al niño de sus ojos

Los dependientes Daniel López (i.) y Elena Moreno con el fundador, Pedro San Román, en el local, abierto en la calle San Carlos. - Foto: Valdivielso

Su afición por los tebeos fue la llave que el 30 de mayo de 1996 abrió Viñetas, una librería dedicada al cómic en Burgos, una ciudad de provincias sin, hasta ese momento, ningún lugar donde abandonarse a ese placer. Pedro San Román recuerda el inicio de su establecimiento con una sonrisa, con la alegría de haber convertido una pasión en su modo de vida y con una mirada expectante y esperanzada hacia su futuro. 

La historia de Viñetas tiene prólogo. Se sitúa en Barcelona en el año 1992. Allí se presenta San Román para visitar los locales más punteros con la idea de abrir el suyo propio. «¡Iba a las librerías especializadas y buahhh! ¡Eso era un paraíso!», expresa al tiempo que rejuvenece unos años y añade que alucinó aún más en su primer Salón del Cómic. 

Si alguna duda tenía, se disipó, aunque aún tardaría cuatro años en materializar esa ilusión. «En aquella época era arriesgado en una ciudad del tamaño de Burgos. Todo el mundo me decía que estaba loco. Es que al principio era exclusiva de cómic y merchadising», observa. 

El llamado noveno arte es el protagonista de Viñetas, con una amplia oferta de temáticas y de editoriales. El llamado noveno arte es el protagonista de Viñetas, con una amplia oferta de temáticas y de editoriales. - Foto: Valdivielso

Y con esos libros que irrumpían como una pequeña revolución en los noventa -años en los que internet apenas balbuceaba- más los productos con sus personajes se posicionó en la ciudad. 

Quienes leían a bocadillos hallaron su particular edén. Daniel López, ahora detrás de la caja, vive su propio sueño. Ha pasado de cliente a librero. Tenía 12 años cuando Viñetas subió la persiana. «Llevaba mucho tiempo esperando que abrieran una tienda de cómic. Y me hizo mucha ilusión. Hasta entonces me conformaba con ir a los quioscos. Era muy complicado, no se dedicaban a ello y tenían lo que tenían», rememora 25 años después con todas las novedades al alcance de la mano. «Ahora me da ansiedad. ¡No tengo tiempo para leerlo todo! La imagen idílica del librero leyendo de las películas es irreal. Pero sí tengo mi pila de pendientes en casa, que no hay manera de bajar», bromea. 

El perfil de Daniel, el de friqui confeso de las historietas, no es el único que se dibuja en este local de la calle San Carlos. Poco a poco, entraron otros géneros y en la actualidad ha cambiado la exclusividad por la especialización en cómic. Primero fantasía, terror, policiaca, novela negra... Y después sus puertas se ensancharon más para dar cabida a la oferta propia de una librería generalista, desde superventas a poesía pasando por álbumes infantiles y siempre un guiño a la creación local. Se hacen hueco entre las hileras de tebeos porque allí el llamado noveno arte sigue siendo el rey. 

Cuenta con ejemplares de todas las editoriales, desde las gigantes a las más pequeñas, desde las generalistas a las clásicas. La lista es larga: Panini (sello que lanza en España los títulos de Marvel), Astiberri, DC, Anaya, Yermo Ediciones, Salamandra, Ediciones B, Norma, Planeta... 

«Lo ha retomado mucha gente adulta que lo había abandonado, mucha por no tenerlo a mano; otros se han aficionado y lectores de otros géneros lo han descubierto. Ha evolucionado muchísimo el perfil del lector porque también lo han hecho las publicaciones. Se edita de todo. Fantasía, terror, novela histórica, policiaca, divulgación, ciencia, adaptaciones de clásicos...», enfatiza San Román mientras transita esta línea del tiempo que ha avanzado imparable hacia adelante sin baches que reseñar. 

«Hemos gozado de buena salud siempre, pero sobre todo desde que ‘se inventaron’ el término de novela gráfica, que animó a lectores de otros gustos», anota este librero que sigue disfrutando de la lectura de los tebeos, aunque, deber manda, se entrega al poliamor y los alterna con libros de otros géneros.