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María Albilla

María Albilla


Extraños límites

31/03/2022

Los conflictos en torno a las fronteras son inherentes a la humanidad desde que el ser humano se constituyó como sociedad. Desde entonces, la ansiedad por acaparar nuevos territorios o la de crear nuevas barreras que limiten la identidad ha demostrado que estas no son inamovibles. Existen miles de fronteras que van más allá de la política, pero todas encierran algo en común, son un límite y, como mínimo, se merecen respeto. No piensen, queridos míos, que una plumilla como yo se va a atrever a sentar cátedra sobre cómo afrontar algo de tamaña dimensión como es la geopolítica. Nada de eso. En mi humildad solo aspiro a la anécdota de un tema que en muchas ocasiones excede mis entendederas. 

Por una cuestión de fronteras -simplificando, claro, que aquí el espacio cotiza al alza- empezó hace ya más de un mes la guerra de Ucrania y en torno a esto y a la adhesión definitiva a Rusia de la región del Donbás podría estar la rúbrica de la paz. Desde el principio de este conflicto -y me refiero a 2014- me ha llamado poderosamente la atención el hambre de Rusia. El país más grande del mundo quiere más. Tiene tantos kilómetros de este a oeste como distancia hay entre Madrid y Washington, pero necesita ir más allá. En total, posee más de 20.000 kilómetros de linderas y limita con 16 naciones soberanas, incluidas dos con fronteras marítimas, así como con los estados parcialmente reconocidos de Osetia del Sur y Abjasia.

Y de la más grande del mundo a otra casi simbólica, que también tiene últimamente su miga, ya que está en España y muy vinculada a Ceuta y Melilla, ciudades autónomas a cuya autonomía dice el Gobierno que ha renunciado Marruecos tras su último ardid diplomático. Pues bien, entre los territorios de bandera española en el norte de África está el Peñón de Vélez de la Gomera, un islote que, por la sedimentación de la arena, ha acabado unido al continente africano formando un tómbolo de 85 metros de longitud. Ahí lo tienen: es la frontera más pequeña del mundo. Que no se enteren los rusos...