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Podemos quita el sueño a Pedro Sánchez

Pilar Cernuda
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Es seguro que uno de los dos grupos políticos romperá la alianza semanas antes de convocar elecciones, ya que a ninguno le interesa ir a las urnas en coalición y menos cuando hay tantas las discrepancias

Si Yolanda Díaz se une con Más País de cara a 2023 podrían quitar votos al PSOE. - Foto: E.P.

Dijo una vez Pedro Sánchez, en campaña para la Presidencia del Gobierno, que nunca pactaría con Podemos porque esa posibilidad le quitaba el sueño, pero pactó. Fue la primera vez que los españoles fueron conscientes de que la palabra de su nuevo mandatario valía poco, lo que se demostró en ocasiones sucesivas después de su elección. Durante estos años de Gobierno de coalición ha habido sus más y sus menos entre los ministros de Podemos y los socialistas. El presidente mantuvo una buena relación con Pablo Iglesias hasta que el entonces líder de los morados notó el enfriamiento. 

Iglesias decidió presentarse a las elecciones madrileñas y dejar la vicepresidencia, y muchos apuntaron que más que hartazgo de la política y de la coalición, estaba cansado de que se le ninguneara. Eligió a Yolanda Díaz como sucesora en la Vicepresidencia, y su partido a Ione Belarra como su nueva secretaria general. Desde entonces, la relación de Sánchez con sus socios de coalición ha sido desigual. Pocas veces cercana y con frecuencia tensa. Hoy, se puede decir que compartir Gobierno con Podemos le provoca problemas a la hora de conciliar el sueño. Es muy probable, incluso, que el líder socialista piense que ha metido al enemigo en casa.

Las salidas extemporáneas de Belarra y Montero no le inquietan, las considera irrelevantes, las mantiene en el Gabinete porque forman parte del acuerdo de coalición. Lo concerniente a Podemos solo lo trata con Yolanda Díaz, pero mucho menos de lo que lo hacía con Pablo Iglesias cuando las cosas iban bien entre ellos. Cuentan algunos ministros socialistas que a sus compañeros de coalición solo los ven durante las reuniones del Consejo, y que el presidente tampoco los trata mucho más. 

En esa situación, Podemos tensa la cuerda todo lo que puede, pero no parece que al PSOE le preocupe excesivamente. Probablemente, porque sabe que en cuanto Yolanda Díaz y Belarra intuyan que está próxima la convocatoria de elecciones se apresurarán a romper la coalición. Nadie imagina una campaña compartiendo Gobierno. Además, para el presidente, su socio no es rival en unas próximas elecciones: los datos que maneja, que coinciden con los sondeos que se publican en medios de comunicación -no los del CIS, cuya fiabilidad es nula- recogen que Podemos pierde votos y apoyos. 

Al jefe del Ejecutivo solo podría preocuparle Yolanda Díaz y su tan traída y llevada plataforma, pero hasta el momento es una plataforma fallida. La vicepresidenta quiere darle impulso después de Semana Santa, y se ha producido un acercamiento con Íñigo Errejón y su partido Más País. Ahí sí podría Sánchez perder votos, Más Madrid, por ejemplo, le restó votos en las elecciones de la capital de hace un año. 

El pasado jueves se ejemplificó de nuevo la falta de consenso en el seno de la coalición. Las relaciones de España con Marruecos han estado prácticamente interrumpidas desde que el Gobierno español cometió la torpeza de acoger al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, a espaldas de Mohamed VI. Eso supuso que Rabat promoviera distintas operaciones de entrada masiva de marroquíes y subsaharianos en Ceuta y Melilla, problemas en el sector agrícola y pesquero, suspensión de la línea marítima de ferrys de Ceuta y Melilla y otras sanciones. Sánchez, agobiado, sin contar con el parlamento como es preceptivo, y sin informar a sus propios ministros, envió una misiva a Mohamed VI en la que le trasladaba su cambio de actitud respecto al Sahara Occidental. No lo expresó así de claro, pero era muy evidente que asumía lo que quería el país árabe desde hacía años: que este territorio formara parte de su Estado, con un amplio estatuto de autonomía. 

La sorpresa fue generalizada. Incluso en Naciones Unidas, porque España se posicionaba al margen de las resoluciones de la ONU sobre el futuro del Sáhara. Y causó también sorpresa en Argelia, principal proveedor de gas a España. Esa nueva torpeza de Sánchez fue de las que hacen Historia, porque estos hechos se produjeron en plena guerra de Ucrania. Argelia, principal valedor y colaborador político y humanitario del Polisario, cumplirá su contrato gasístico con España pero pretenderá incrementar el precio.

En esa situación, Mohamed VI, al fin, aceptó un encuentro con Sánchez. La diplomacia preparó la reunión con la máxima atención y Podemos decidió presentar una proposición no de ley en el Congreso reivindicando el derecho del pueblo saharaui a un referéndum de autodeterminación. Que es la posición que ha mantenido la ONU y los sucesivos gobiernos españoles. Se vota apenas unas horas antes de que Sánchez inicie su viaje a Rabat. La moción se aprueba, un palo para las aspiraciones de los marroquíes. 

La lista de desagravios es larga aunque Sánchez procura no hacer sangre porque no le conviene. Pero su paciencia se puede acabar. Es seguro que uno de los dos grupos políticos romperá la alianza semanas antes de convocar elecciones, ya que a ninguno le interesa ir a las urnas en coalición y con sus discrepancias.

Un buen 'roto'

Podemos, por tanto, le ha hecho un buen roto a Sánchez en su relación con Marruecos. Ha sido el último. Pero ha habido muchos más.

En la guerra de Ucrania es muy reticente el que hubo respecto al envío de armas a Kiev y cuando Volodimir Zelenski se dirigió al Congreso telemáticamente y el secretario de Estado de Agenda 2013, Enrique Santiago, líder del PC, no aplaudió al presidente ucraniano. Sí lo hicieron sus compañeros de Podemos, aunque Alberto Garzón, de Izquierda Unida, no ocultó su incomodidad. 

En la situación de Enrique Santiago -íntimo de Iglesias y Montero- hay un elemento que puede explicar su radicalismo: dentro de dos meses se celebra el congreso del PC en el que tendría que revalidar su liderazgo. Le interesa recuperar el discurso más ortodoxo del comunismo. Pero hay miembros del Gobierno que no ocultan su incomodidad por la tibieza de Podemos en todo lo relacionado con Ucrania.

Mayor incomodidad todavía si a ello se suman las reticencias de Podemos a las políticas fiscales de Sánchez y Calviño para afrontar la crisis económica y energética, las posiciones contrarias de los eurodiputados morados a la posición que defiende el Ejecutivo en Bruselas -la última, la de Izquierda Unida contraria a que se incrementen las sanciones a Rusia- las diferencias de criterio de las mujeres del PSOE con las propuestas de Irene Montero sobre igualdad e identidad de género o la posición respecto a las dictaduras latinoamericanas, sobre todo Venezuela.