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Fernando Jáuregui

TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Yo, tertuliano, protesto: nos invaden

09/09/2021

De pronto, casi todos los cesantes, por voluntad propia o, sobre todo, ajena, decidieron congregarse ante tertulias de radio y/o televisión: tertulianos todos, Pablo Iglesias a la cabeza, con Carmen Calvo, García Margallo, Abalos, pronto 'Espe' Aguirre... No tardaremos mucho en ver a Iván Redondo nuevamente opinando de lo divino y lo humano ante las cámaras. Y a uno, tertuliano -horrenda palabra, por cierto- desde hace más de tres décadas, le embarga una sensación de estar siendo invadido no por intrusos, que todos tienen derecho a expresarse en los medios de comunicación, hasta ahí podríamos llegar; pero a uno sí le da la impresión de que estamos ante una competencia desleal. Cuando menos.

Soy volteriano, si es que es verdad que fue Voltaire aquel que dijo "yo, que aborrezco lo que usted proclama, daría la vida para que pueda seguir expresándose libremente". Y defenderé siempre el derecho de los medios a fomentar lo que creen que interesa a sus lectores, oyentes o espectadores, faltaría más. Pero he participado en tertulias de 'teles' de la serie B con Pedro Sánchez -cuando no era casi nadie-, con Iglesias -una vez solo, en ETB- y con otros políticos, y siempre tuve la sensación de que estábamos mezclando peras con manzanas: 'ellos' son una cosa, defienden lo que defienden, que es exclusivamente lo suyo. Y nosotros, los periodistas metidos a la tertulia, otra: en principio y por principio, lo nuestro debería ser hacer valer aquella definición de que 'noticia es todo aquello que alguien no quiere que se publique'. Y algunos de 'ellos' lo que desean es precisamente lo contrario: que se haga público lo que a ellos les aprovecha, o lo que creen que sus jefes políticos desean escuchar.

El ex mandamás, que tanto poder tuvo, sabe mucho más de las interioridades y trampas de la política que yo, que trato de desentrañar la información pese a la opacidad que tantas veces desplegaron -si yo contara algunas cosas de Iglesias a este respecto... soy testigo y víctima- precisamente quienes ahora acuden, dicen, a ejercer 'periodismo crítico'. No: ejercerán la autojustificación, el ataque al adversario, quizá la 'vendetta' precisamente contra los periodistas que tanto les incomodaron. En el mejor de los casos, intentarán hacer propaganda partidista. Pero periodismo, no. El periodismo es otra cosa, teóricamente -teóricamente- mucho más 'sancta', con perdón, y no debe, creo, mezclarse con otros conceptos.

Con la perspicacia que me caracteriza, llevo años prediciendo el fin de las tertulias, que deben su nombre, como sin duda sabe todo el mundo, al escritor Quinto Septimio Florente Tertuliano, patrón del intercambio de ideas fundamentadas e informadas; doctrina que, por cierto, no estoy seguro de que todos los actualmente ejercientes -somos más de un millar los que podemos considerarnos 'profesionales' del asunto- sigan, o sigamos, al pie de la letra. Sin embargo, pese a mis profecías, que siguen mi habitual senda de equivocarme, las tertulias siguen vigentes y pujantes. ¿Hasta ahora?

Algo tiene que ocurrir. Porque hay verdades que no pueden ni deben deformarse: los periodistas estamos en las tertulias, en los programas, en nuestros periódicos, para preguntar a los políticos, a los empresarios, a los futbolistas, con la mala uva debida al público, que quiere saber más, no escuchar el trompeterío ególatra de quien tanto influyó en nuestras vidas. Obviamente, quien ha sido, pongamos por caso, vicepresidente polémico o ministro en un gobierno, para nada está interesado en arrojar luz sobre ciertas parcelas oscuras, sino más bien en oscurecerlas más, por la cuenta que le trae (¿no, Abalos?).

De acuerdo: acotémosles en sus propias tertulias. Que se expresen, pero sin mezclarse con quienes queremos ejercer solo el periodismo; y sin concederse títulos, como el de periodista, que ni han merecido ni merecen. Si quieren, sincera y honradamente, contar la verdad, que escriban unas memorias completas, implacables consigo mismos, autocríticas: nunca lo hacen, refugiados, cuando algunos por fin se deciden a escribir, en el autobombo y en la 'memoria selectiva'.

Su irrupción como 'tertulianos' acabará, y creo que ahora sí acertaré, devaluando aún más las tertulias, bastante zarandeadas ya las pobres. Y, claro, empobreciendo el puro concepto del periodismo, ya suficientemente golpeado por esos políticos, deportistas y cantantes que se comunican con 'su' público directamente a través de las redes sociales y de los 'influencers', que no andan haciendo preguntas incómodas o estúpidas como estos periodistas a los que los neo-tertulianos que vienen de los consejos de Ministros tanto denigraron (y denigran).