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El cuco de la uralita

I.E.
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Javier Guadilla denuncia que alguien vertió placas de este material contaminante en su contenedor de obra y lamenta que el Consistorio carezca de un protocolo para retirarlas con agilidad. Debe pagar él

Javier Guadilla explica cómo quienes vertieron las placas de uralita retiraron la valla y las echaron al contenedor. - Foto: Alberto Rodrigo

Mostrar sensibilidad medioambiental y portarse como un buen ciudadano no siempre sale rentable. En el caso de Javier Guadilla y Yolanda Mediavilla, un matrimonio burgalés, más bien al contrario. Su historia, de tintes kafkianos, pone de manifiesto lo absurdo de algunas leyes y la poca flexibilidad de la Administración a la hora de interpretarlas. 

La pareja adquirió hace poco una casa en la calle Ramón Menéndez Pidal, un vial peatonal que conecta el Bulevar y San Pedro de Cardeña. Para ponerla a su gusto contrataron a una empresa de reformas que, como es preceptivo, colocó junto a la vivienda un contenedor de obra para depositar escombros.

Hasta ahí todo normal y todo correcto. Pero este martes pasado por la mañana los propietarios de la vivienda y los albañiles se percataron de que alguien había hecho uso del contenedor. Y no precisamente para verter cualquier residuo. Dejaron cerca de 200 kilos de placas de uralita, que contienen amianto, un material altamente peligroso que ha de ser manipulado por empresas autorizadas.

(Más información, en la edición impresa de hoy de Diario de Burgos)