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El nuevo niño-maravilla

Diego Izco (SPC)
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Vlahovic marcó el primer gol del encuentro ante el Villarreal, el que significaba su estreno en Liga de Campeones. - Foto: Pablo Morano (Reuters)

El mundo del fútbol está permanente buscando herederos. Crea dioses pasajeros (solo unos elegidos se mantienen más allá de dos o tres temporadas: esos son los que triunfan) y los sustituye por otros muchachos que aspiran, en efecto, a heredar tronos ficticios, creados una semana antes y que quedarán vacíos una semana después. A ese ritmo insoportable cabalga un deporte que ha descubierto en Dusan Vlahovic al nuevo niño-maravilla, aspirante al mismo trono que Mbappé o Haaland. 

Como sucede con esos elegidos, la primera sensación de cualquier aficionado ante un buen partido del serbio es directa y sincera: «Es imposible que haga eso». Hacer imposibles es lo que distingue al buen jugador de la estrella. Es imposible, o lo parece, que un tipo patizambo de 190 centímetros y más de 80 kilos de peso corra a esa velocidad, coordine sus movimientos con tanta elasticidad y rapidez, toque con tanta sutileza con ambas piernas (sobre todo la zurda, una delicia)… 

Treinta y dos segundos tardó en marcar su primer gol en la Champions. Debutaba con la Juventus en La Cerámica. Su primer contacto con la pelota, una control orientado con el pecho a una pelota casi vertical, dificilísima por la velocidad y por la proximidad de dos centrales como Albiol y Pau Torres. Su segundo, un disparo duro, preciso y cruzado con la pierna derecha junto al poste. El arte del gol, la exhibición efímera que muchas veces no requiere más de un toque, dos a lo sumo, está en las botas de Vlahovic. 

 

Precoz

Los 80 millones que pagó la 'Juve' a la Fiorentina parecieron una locura por un chico que apenas había firmado temporada y media en la élite, pero la inversión «fue un buen gasto», según analizaba Arrigo Sacchi. Posee la ambición del niño que todavía es y que busca títulos y gloria, ese sueño adolescente que a unos destroza la cabeza y a otros motiva hasta el punto de correr, anotar y jugar por encima de sus posibilidades. Dusan se supo uno de los elegidos -y no renuncia a seguir siéndolo- desde el momento en que, con solo 14 años, se convirtió en el jugador más joven en firmar un contrato profesional con el Partizan de Belgrado (donde debutó en la élite con apenas 16 años y 22 días). 

La Fiorentina, el club que 'descubrió' a Batistuta al mundo (jugó 10 temporadas), obtenía la ficha de su heredero a cambio de un millón de euros. «Es fácil compararlos -aseguraba Vaiano, ex jugador de los 'viola gigliati'-, la corpulencia, el instinto… y sobre todo, que ambos saben dónde está la portería sin mirar. Podrían marcar con los ojos cerrados». Le costó un año asentarse y otro empezar a reclamar su trono: era suplente de Chiesa y Ribèry, pero la salida del italiano hacia la Juventus le dejó abierta la puerta del triunfo. 

Este curso, Vlahovic había marcado 20 goles en 24 partidos con la 'Fiore' cuando la Juventus tiró la casa por la ventana: gastó en enero más del doble de lo que había invertido en fichajes en verano (37 millones en McKennie, Zakaria y Gatti) para asegurarse una trascendencia perdida en Serie A (cuarta a nueve puntos del Inter y décimo equipo que menos anota) y en Europa, donde algunas apuestas incluso fijaban el favoritismo del Villarreal en octavos… algo que ha cambiado con la llegada del muchacho. 

Allegri trabaja con mimo para cuidarle de la presión que cuelga de la etiqueta de su precio... y de la responsabilidad de sustituir a Cristiano Ronaldo en la punta. Pero si el fútbol necesita herederos, que el niño de 22 recién cumplidos sustituya a la leyenda de 37, es señal de que la pelota sigue girando.