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Vadillos

MARTÍN GARCÍA BARBADILLO
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"Es un placer pasear por sus calles de construcciones de cinco alturas, salpicadas de acacias"

Vadillos - Foto: Tomás Alonso

¿Qué es? Un barrio. Concretamente el siguiente al centro histórico de la ciudad en dirección noreste.

Edad. Comenzó a configurarse como tal en las primeras décadas del siglo pasado.

¿Dónde dices que está? Bueno, no hay una delimitación precisa pero podríamos decir que es la zona comprendida entre el Castillo (el monte, no la fortaleza) y la Avenida Reyes Católicos. En la otra dirección iría desde el principio de la Avenida del Cid hasta el antiguo hospital. Debe su nombre a que era una zona llena de agua; lo cruzaban los río Vena y Pico, este último actualmente canalizado. Una mezcla entre el Amazonas y Venecia.

Conozco el lugar. ¿Qué tiene de particular? Lo excepcional, casi siempre, está en la mirada del observador. No tiene el pasado del casco histórico, está claro, pero tampoco es de antes de ayer como otras zonas. No cuenta con un hito espectacular por el que destaque; es más bien una suma de cosas lo que lo convierten, en mi opinión, en el barrio más cool de la ciudad.

Enumera, por favor. Mejor vamos a a hacerlo de otra manera. Imagínate uno de esos barrios de las grandes ciudades, como Madrid y Barcelona, cercanos al centro pero sin serlo. Ya sabes, los centros de las urbes modernas son un poco parques temáticos: turistas, mismas tiendas, mismo restaurantes... Yo te hablo de los que vienen justo después.

Te sigo. Uno de esos barrios que no son tampoco las afueras o las zonas de expansión, llenas de edificios altos, comercios escasos y distancias largas.

Vete concretando. Te hablo de esos barrios con casas de altura moderada, con una edad pero bien conservadas; que mantienen la esencia de barrio, están habitados por una población variada; en los que es posible salir a la calle y encontrar siempre gente; donde los bajos están ocupados por comercios y en los que hay una calle principal en la que bulle la vida... Y todo esto al ladito mismo del centro. ¿Sabes a lo que me refiero?

Sí: Malasaña o Lavapiés en Madrid... Eso es. O Friedrichshain en Berlín. Y lo que tienen en común todos estos lugares es, sobre todo, su escala humana. Y Vadillos es igual. Es un placer pasear por sus calles de construcciones de cinco alturas, salpicadas de acacias. Darse una vuelta y encontrarse en alguna esquina edificios curvos que parecen proas u otros con balcones suspendidos. Hay mucha arquitectura del llamado Movimiento Moderno en la zona, casas para clases populares de hace 70, 80 o 90 años. Pero, no nos engañemos, la gente no se fija en la arquitectura, y mucho menos en esa.

¿Cuál es? Te cuento para principiantes: date una vuelta por el barrio y mira las fachadas que ahora son de colores variados, porque se han restaurado. Esas. Están, sobre todo, a la izquierda de la Avenida del Cid.

Entendido, pinta bien. Ya te digo. En casi cualquier lugar, un sitio así sería pasto de la gentrificación inmediata; se pondría de moda y los precios subirían sin freno. Aquí es distinto, no sé si porque somos una ciudad pequeña o porque la mentalidad mayoritaria busca otras cosas. Pero, aún así, hay movimiento.

Por ejemplo... Ya te he dicho que siempre hay gente por la calle y eso es un gusto, aunque es cierto que la zona cercana al antiguo hospital y la calle San Francisco están más de capa caída. Hay un montón de bares, desde los de pinchos a esos otros en los que los señores juegan la partida, pasando por cervecerías para gente de morro fino en lo que al zumo de cebada se refiere. Por las tardes hay ambiente, incluso entre semana. Suma además unos cuantos garitos clásicos en los que cenar como si estuvieses en tu casa. Para estos menesteres, yo lo prefiero al centro. Y hay más.

Siempre hay más. En los últimos años se han establecido negocios, vamos a decir alternativos, que le dan vidilla. Puedes encontrar un restaurante vegetariano, tiendas de productos ecológicos, locales de bicicletas, una escuela de música en un antiguo local industrial, un coworking... Hay unos cuantos, y todos ellos conviviendo con la mercería en la que compraba mi madre cuando yo era pequeño, o con varios talleres de coches, que en mi infancia me fascinaban. El barrio cuenta con peñas, equipo de fútbol y de un tiempo a esta parte una creciente conciencia colectiva: en el confinamiento se decoraron los balcones con unos hermosos corazones verdes, por ejemplo.

Además, con arte. Sí, hay meneo artístico. En Reyes Católicos hay dos salas de conciertos; la asociación Gremio de Autores Plásticos tiene un local en el que realiza exposiciones y, especialmente, en Vadillos está el Espacio Tangente (Centro de Creación Contemporánea), un lugar que acoge exposiciones, conciertos, cine, talleres, mercados solidarios, conferencias... con el esfuerzo de sus socios y unas ayudas mínimas.

Lo tiene todo. Y, como te decía al principio, está pegando al Castillo, al cerro de San Miguel, por ser más precisos. En cinco minutos o menos te plantas desde cualquier punto de la zona en pleno pinar. Aunque para ello habrás de hacer algo tan insólito en esta ciudad como subir cuestas. Pero las vistas compensan. Y el barrio alberga además algo que ningún otro tiene: la única tienda de patatas Eloy Acero ¡del mundo!

Se te ve fan. No te voy a mentir, es el barrio de mi infancia. Ha cambiado mucho; yo recuerdo una enorme fábrica de piensos en el lugar que hoy ocupan varias manzanas y hasta ¡una funeraria! Otras cosas siguen igual, especialmente, su escala humana que lo hace tan agradable. Eso y que, a diferencia de otros, el barrio no va de nada, no pretende ser lo que no es. Y eso me gusta.

¿Qué le falta? ¿Te lo imaginas peatonalizado?

Si quieres parecer integrado. Haz cola un domingo para comprar las patatas fritas de la bolsa amarilla.

Nunca, nunca... Si vives en ese barrio, nunca digas que vives en el centro; Vadillos es otra cosa.