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«Creo que tenía síntomas psiquiátricos y no posesión demoníaca»

Angélica González / Burgos
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Saturnino López Santidrián, profesor de Teología Espiritual e Historia de la Iglesia con más de 35 años de experiencia docente e investigadora, asegura que en sus 69 años de vida no había oído hablar de la realización de ningún exorcismo en Burgos

«Creo que tenía síntomas psiquiátricos y no posesión demoníaca» - Foto: Valdivielso

Saturnino López Santidrián es un profesor de Teología Espiritual e Historia de la Iglesia con más de 35 años de experiencia docente e investigadora a sus espaldas. Ha sido delegado de Apostolado Seglar, director espiritual en el Seminario y ahora es canónigo de la Catedral. Natural de Hontoria de la Cantera, asegura que en sus 69 años de vida no había oído hablar de la realización de ningún exorcismo en la provincia de Burgos. Sí recuerda haber escuchado cuando era niño una historia sobre el panadero de un pueblo que le pidió al cura que le ‘limpiara’ el horno pues alguna fuerza del mal hacía que todas las hogazas se le quemaran. Pura anécdota que comenta sonriendo. Así pues, su conocimiento del tema es meramente teórico, igual que el de la inmensa mayoría de los católicos. Saturnino López Santidrián, no obstante, cree firmemente en la existencia del demonio, lo define como una «inteligencia pura», como «el padre de la mentira, del engaño y de la contradicción» y lo sitúa detrás de la crisis económica  de las guerras y del odio. Pero Saturnino López Santidrián está convencido de que lo que le pasaba a la joven que fue sometida a 13 exorcismos por los que el juzgado abrió una investigación que ahora ha sobreseído «eran síntomas de  un desequilibrio psiquiátrico y no una posesión demoníaca».
«Difícilmente, muy difícilmente yo hubiera aconsejado un exorcismo si se me hubiera planteado este caso y menos hacer que la joven dejara de tomar su medicación, algo que resulta muy imprudente: Dios ha hecho al hombre inteligencia pero también le ha hecho cuerpo y el cuerpo hay que cuidarlo y eso tiene que ver con cumplir los tratamientos que indica el médico», asegura. Entonces, ¿cómo hubiera manejado la situación este experto? Hablando, dialogando mucho con la joven y con su familia, escuchándola: «Habría aconsejado que se tuvieran diálogos sensatos y serenos con una gran comprensión empática para conocer los motivos que le habían llevado a la situación en la que se encontraba. De no haber conseguido nada y solo en un caso extremo y sin ninguna explicación lo hubiera puesto en conocimiento del obispo, siempre teniendo en cuenta que el exorcismo -que es una realidad que la Iglesia reconoce- tiene que ser un instrumento de ayuda para recuperar la paz y la seguridad, no para complicar las cosas y crear más problemas».
El teólogo afirma que cuando se publicó la noticia «no le dio mucha importancia porque estas cosas en la verdadera espiritualidad tienen poca importancia» y dice que desconoce los detalles del caso pero cuando se le van contando, reflexiona sobre los mismos. Antes de nada -parece que esto sí lo sabía- exonera sin ningún tipo de duda al párroco de la iglesia del Rosario vinculado al caso, del que alaba su inteligencia y formación, y sobre la profesora de Religión que participó en alguno de los exorcismos hace reflexiones generales con una cierta carga de profundidad: «A veces puede haber demasiado celo por parte de personas menos entendidas que aconsejan de una forma no clara». Preguntado sobre si esta persona debería seguir formando adolescentes, el teólogo habla en parábola: «A un médico que comete un error pero ha salvado miles de vidas no se le puede separar del ejercicio de su profesión». Preguntado sobre si estos miembros tan, digamos, excesivos hacen daño al conjunto de la Iglesia, comenta que nadie es perfecto. Más adelante también se referirá al seminarista implicado -aquel que soñaba con la adolescente- que, según sus noticias, ya ha abandonado el Seminario. Se refiere a él en un tono no muy laudatorio. Parece que se creía más listo que sus profesores. 
López Santidrián recuerda que los ritos realizados contaron con el visto bueno de la jerarquía eclesiástica pero mueve la cabeza con aire de preocupación cuando se le participa del relato que la adolescente hizo del momento en el que se le practicaban. Y reconoce que no hicieron el efecto deseado: «A veces es peor el remedio que la enfermedad. Por eso la Iglesia pide la máxima prudencia. Hubiera hecho falta saber si necesitaba esos exorcismos, la función del verdadero sacerdote hubiera sido  hacerle consciente de que era hija de Dios y que Dios la amaba». En el momento en el que es interpelado sobre si las personas que realizaron los exorcismos exhibieron esa prudencia asegura que «puede que no, aunque lo hicieran con la mejor voluntad». Sobre la familia, cree que posiblemente «hicieron caso a personas que no eran auténticamente peritos en este aspecto».
Para la joven, hacia la que dice sentir pena por el sufrimiento que está atravesando,  desea ahora mucho silencio y mucha comprensión  «para que recupere su normal desarrollo con alegría y cariño» y piensa que lo que precisa es ayuda técnica con personas que ella acepte y a las que tenga confianza: «Los desequilibrios psicológicos son muy delicados». 
 
TRES TIPOS DE posesiones.    Para el común de los mortales es cosa de películas y de cuentos para dar miedo pero la Iglesia Católica reconoce la legitimidad del exorcismo, seguramente porque reconoce la existencia de Satanás y las posesiones que protagoniza en determinadas personas, según el relato de los creyentes. Además, la actuación del demonio está categorizada, según explica López Santidrián, es decir que hay tres tipos de acciones que el ángel caído realiza en sus pobres víctimas: por obsesión -la más peliaguda de las tres, a decir de nuestro hombre-; por posesión -que resulta ser la más llamativa- y por sugestión.
La actividad demoníaca sobre una persona por obsesión se divide, a su vez, en externa e interna, siendo ésta última la «verdaderamente peligrosa». Y es que es donde Belcebú parece entregarse a fondo ya que provoca que el endemoniado se revuelva «y manifieste rechazos tremendos y viscerales» frente a símbolos religioso como la cruz, el agua bendita o la Eucaristía, tal y como se refleja certeramente en la película El Exorcista, de tan recomendable visionado. Por suerte, según el padre López Santidrián, Dios la permite «raras veces» y no suele darse «en personas débiles». Por otro lado, añade que la obsesión externa  es la que afecta a alguno de los sentidos, es decir, la que ocurre cuando alguien ha perdido la serenidad y la paz «impulsado por una tendencia obsesiva hacia alguna cosa que pueda afectar al tacto, al olfato, al gusto, a la vista o al oído».