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«La mujer solo es una fábrica de tener niños en Afganistán»

ALMUDENA SANZ
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ENTREVISTA | Periodista especializado en conflictos bélicos, es autor de 'En la oscuridad', que recoge los 10 meses que pasó en Siria secuestrado por Al Qaeda, y 'Las trincheras de la esperanza', sobre un cooperante. Hoy presenta 'Flores para Ariana'

Antonio Pampliega, periodista.

Las asistentes al club de lectura de la Biblioteca Municipal escucharon sus pisadas por las calles de Kabul, temblaron ante la presencia de los muyahidines y se emocionaron con la entrega de los cooperantes, como Alberto Cairo, el italiano protagonista de Las trincheras de la esperanza, el libro que habían leído y vieron con ojos nuevos gracias a la charla que mantuvieron en diciembre de 2019 con su autor, Antonio Pampliega. «Resultó un encuentro cercano, impactante y muy interesante, que nos hizo reflexionar sobre otras realidades vitales», recuerda la bibliotecaria Lola Alcaraz. Se quedaron con ganas de saber más sobre Afganistán y la ocasión la ha pintado calva la publicación de Flores para Ariana (Crossbook), la primera novela del periodista, en la que traza un friso sobre la realidad de las niñas y adolescentes en este país. Relata la historia de una joven a la que casan con 14 años y a la que su marido viola con 16, una experiencia traumática que le dará energía para luchar por su futuro y el del resto de mujeres. Sobre ella habla esta tarde en la Sala Polisón (19.00 horas).

¿Qué le lleva a escribir Flores para Ariana, su primera novela?
Siempre he querido escribir un libro para dar voz a las mujeres afganas. He estado en Afganistán siete veces y he encontrado muchas historias, sobre todo durante la época talibán. El objetivo principal era explicarles a los adolescentes, que son el público objetivo, la suerte que tienen de haber nacido donde lo han hecho porque otros chicos de su edad han nacido en Afganistán y no puedan ir al colegio, ni demostrar afecto en público hacia sus amigos... 

La protagonista se compone de pedazos de todas esas niñas que conoció en Afganistán...
Sí, es un personaje de ficción, pero bebe de muchos reales como puede ser Nargues, a la que su padre casó a los siete años con un muchacho de 15 porque él quería casarse con otra mujer, o la de Nassia, en cuya boda estuve, que tenía 15 años cuando se casó con un hombre de 53, que había pagado una dote de 4.000 dólares por ella. En Ariana están tantas y tantas mujeres a las que durante la época talibán hasta les llegaron a prohibir reír en la calle. 

¿Qué mal encontraban en la risa?
Según ellos, con la risa pervertían a los hombres. 

Todas estas historias increíbles suceden durante el dominio talibán, que ahora ha vuelto... 
Llegaron al poder en el 96 y ahora, 25 años después, ocurre exactamente lo mismo, van poco a poco coartando libertades de las mujeres. Lo último ha sido prohibir que la televisión emita películas donde aparezcan mujeres y decapitar a las maniquíes en los escaparates de las tiendas de Kabul. 

¿Qué explicación dan para justificar ese odio?
El machismo, el heteropatriarcado, el odio hacia la mujer es intrínseco a la sociedad afgana. Todos los afganos son talibanes, algunos en menor medida, pero la inmensa mayoría comulga con ese desprecio a la mujer. Los talibanes no se inventan el burka, las mujeres lo llevaban antes de que ellos llegaran. Salvo en grandes ciudades como Kabul o Herat, en el resto del país siempre ha sido igual, la mujer es una fábrica de tener niños, no sirve para nada más. 

Pero parecía que su situación había mejorado un poquito antes de este último asalto talibán...
Eso es lo que se vendió. En las grandes ciudades las mujeres iban a estudiar, pero el resto del país no había cambiado nada. Es cierto que ahora esas mujeres de Kabul, Kandahar, Herat han ido progresivamente perdiendo todos los derechos conquistados en estos últimos años. 

Y todo esto está ocurriendo a la vuelta de la esquina. ¿Qué puede o debería hacer Occidente? 
Occidente ya no puede hacer absolutamente nada, ha tenido 20 años para intentar revertir la situación, pero nunca le ha interesado. Se invadió en octubre de 2001 en respuesta al ataque de las Torres Gemelas y al Pentágono con el objetivo de acabar con Al Qaeda y Bin Laden, no para devolverles la libertad. Durante esos 20 años en vez de bombas y guerras los teníamos que haber llevado educación, colegios, libros y crear las bases para un futuro, pero ese futuro no interesa porque, a las pruebas me remito, vuelven a estar los mismos de antes.

¿Qué le permite la novela, un género de ficción, frente al periodístico o ensayístico de sus anteriores obras?
Lo bueno que tiene la novela es que puedo hacer volar mi imaginación, meter personajes donde no estaban, transmitir a través de ellos cosas que yo no he vivido ni he entrevistado a nadie para que me lo cuente. Esto genera más libertad, pero para mí ha sido más difícil que el ensayo. 

¿Y para añadir riesgo al desafío lo hace con un libro para adolescentes, un lector con fama de difícil?
Es un público complicado porque juegas con Tiktok, las nueva tecnologías, los Youtubers, pero no dejan de ser los ciudadanos de mañana. No se les puede dejar de lado porque sea un público difícil, hay que intentar seducirles y que ellos también entiendan lo que está pasando a su alrededor. 

¿Y qué elementos tiene Flores para Ariana para seducir a ese público?
Principalmente, es la historia de una adolescente como ellos que, sobre todo, tiene una cosa, que son los sueños, lo único que los talibanes no le han quitado. El sueño de Ariana es marcharse de Afganistán y llegar a Canadá y a pesar de las vicisitudes que le ocurren en la vida ella no se rinde. Ese es el mensaje: no te puedes rendir porque nadie te va a regalar nada; si no luchas tú, no lo vas a conseguir. Además de una protagonista con su edad y sus sentimientos, leen algo que no han vivido y puede llamar su atención como que Ariana no puede reírse en la calle, no puede dar un beso o un abrazo a su mejor amigo porque está prohibido.

¿En la realidad, hay esperanza para estas niñas? ¿Pueden salir de este infierno? 
No, la verdad es que no. Hubo una evacuación en agosto, pero se quedó mucha gente atrás. Y ahora España y el resto de países occidentales se han lavado las manos y los han abandonado. También es cierto que no te puedes llevar a 22 millones de personas porque allí no se quiere quedar nadie. Aunque los talibanes abran la mano, esas niñas se harán adolescentes y las acabarán casando. No tienen ningún futuro. 

¿Por qué pone a la protagonista el nombre de su hija?
Realmente, es mi hija quien se llama como la protagonista y esta se llama como el país. Cuando Alejandro Magno lo conquista en el 322 a.C. lo llama Ariana, tierra de los arios. La primera vez que viajé en 2010 me gustó ese nombre y dije que llamaría a mi hija Ariana. 

¿Volverá a Afganistán?
Me encantaría. Estoy trabajando en un documental sobre la Selección Nacional de Baloncesto en silla de ruedas. Todos los días me mandan una especie de diario audiovisual sobre cómo es su día a día bajo el dominio talibán y tengo pendiente un viaje cuando encontremos financiación, que no es fácil. 

¿Ya ha superado el secuestro que sufrió en Siria en 2015?
No, una experiencia tan traumática nunca se acaba de superar, tienes que vivir con ello, no puedes estar todos los días con miedo a salir a la calle o a que te secuestren, pero sí te marca, y de vez en cuando sí tengo algún sueño, sé que es algo que siempre me va a acompañar.