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Antonio Casado

CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


Pascua militar

06/01/2022

Si hablamos del rey emérito la palabra es hartazgo. Describe mejor que nada la insistencia en alimentar el culebrón de su retorno. Retorno, sí, no, cuándo, según y cómo... Caldo de cultivo en unos sondeos que no aportan nada nuevo, pero nos distraen de una cuestión de fondo: el excelente papel de Felipe VI como jefe de Estado.

Mientras alimentamos el culebrón del padre estamos aparcando los méritos del hijo. Mientras discutimos si el emérito debe volver dando explicaciones o no, si debe conservar el título o no, volver pero sin honores, vivir en la Zarzuela o no, quedarse fuera para siempre o no, estamos perdiendo la ocasión de ensalzar el transparente y ejemplar trabajo de VI.

Así que aprovecharé la celebración de la Pascua Militar para reclamar atención al discurso del capitán general de las Fuerzas Armadas, tras un año de impagables servicios de nuestros soldados a españoles en apuros (nieve, volcán inundaciones, rescates, etc.). La ministra, Margarita Robles y Felipe VI tienen este 6 de enero la ocasión de ponerlo en valor con entusiasmo "civil" y "republicano".

He sostenido siempre que nunca los valores inherentes al gobierno de una república, desde Platón a Philip Pettit, estuvieron tan bien servidos como lo están ahora en régimen de Monarquía Parlamentaria. Además, es un hecho verificable que dirigentes de confesada fe republicana se comportan como monarcas absolutos, mientras hay monarcas constitucionales que actúan adheridos a las doctrinas civiles en materia de libertades, derechos fundamentales y sociedades inclusivas.

En el segundo de esos grupos está el rey de España, Felipe de Borbón y Grecia (Madrid, 30 enero 1968). Siete años después de la abdicación de Juan Carlos I, Felipe VI se ha convertido en el mejor antídoto de pulsiones desestabilizadoras que planean sobre la política nacional. Y esas pulsiones no provienen precisamente del nada ejemplar comportamiento del padre, el ahora conocido como "rey emérito".

Sin embargo, los partidos de confesada vocación desestabilizadora cargan sobre el actual rey la gravosa factura del anterior. Le reprochan que no lo mencionase en su mensaje navideño. Acaso esperaban un discurso absolutorio sobre los pecados del padre o que se azotase en directo hasta sangrar. Son ellos quienes están fuera de la realidad, cautivos de insidiosas tácticas para reconocerse en su aversión al régimen del 78. Cabezones, sí, pero como los malos vinos, no como el atleta pertinaz por batir su propia marca. Empezando por la parte del Gobierno dolida por la falta de condena explícita a las "actividades corruptas" del padre. Se convive sin problema con los antecedentes criminales de Otegi, mientras se exige la abdicación del Rey por los presuntos delitos económicos del padre.

Moral selectiva se llama eso.