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Un carrusel de jóvenes blusas

A.B.
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Desde hace una década, las atracciones divierten a los más pequeños mirandeses durante estas fiestas de San Juan del Monte. «Lo que más nos llena es ver su sonrisa», reconocen los feriantes durante la celebración del Día del Niño

El recinto cuenta con atracciones de todo tipo y se han instalado algunos puestos de carabinas y para lanzar dardos. - Foto: Valdivielso

La mayor parte de los eventos enmarcados en el programa de las Fiestas de San Juan del Monte tienen lustros, décadas, casi siglos, de antigüedad. No obstante, durante los últimos años se han empezado a explorar nuevas alternativas. Entre estas, resulta imposible no destacar las atracciones. Ayer se inauguraron las barracas con la celebración del Día del Niño. La reducción de precios que trajo consigo esta jornada ejerció de 'gancho' y permitió que se citaran en el barrio de Anduva decenas de infantes ataviados con sus blusas. Precisamente, según Ángel Gómez, quien pertenece a una familia de feriantes de varias generaciones, lo que más les «llena» de su trabajo «es ver que la gente viene y disfruta, ver una sonrisa en los niños y también en los padres».

«Yo llevo viniendo a las Fiestas de San Juan al menos 10 o 12 años, desde la primera vez que se hizo la feria», explica el empresario. Según lo ve él, se trata de una tradición muy joven, lo que dificulta su capacidad de atracción. «En cuestión económica para nosotros puede ser algo más floja que otras», reconoce. «A las barracas les ha costado un poco más tener ese movimiento, porque no son algo tan típico», argumenta Gómez. No obstante, confía en que el paso de los años sirva para generar esa «costumbre» tan necesaria. Por lo menos, ahora mismo «están luchando» para hacerlo realidad. «Hace falta que la gente lo asocie con estas fechas, pero poco a poco se va consiguiendo», expone.

El movimiento registrado ayer en el recinto ferial, junto a la Comisaría delCuerpo Nacional de Policía, no resultó comparable con el de otros eventos como el pregón. Ahora bien, sirvió de toma de contacto, de pistoletazo de salida, al menos de cara al disfrute de los niños y niñas de Miranda. Fue imposible contabilizar a todos los muchachos que se personaron allí por la tarde, sin embargo, se puede asegurar que había muchos. Y más que están por llegar. La olla, el tren de la bruja y las carabinas siempre tendrán su público.

Los feriantes como Gómez recorren el mapa nacional de punta a punta. Sin embargo, pocos de ellos encuentran a través de las carreteras una celebración así. «En cuanto al ambiente, son unas fiestas muy bonitas, porque ves a todo el mundo muy animado, hay cuadrillas, tradiciones, familias...», enumera. Pese a que tan solo llevan una jornada instalados en la ciudad, este hombre y sus compañeros de profesión tienen la convicción de que la presente edición no se va a desarrollar como una cualquiera. «De cara a este año esperamos que sea todavía más animado», comenta. Eso sí, insiste una y otra vez en que «acaban de empezar», es pronto para sacar conclusiones.

Una cosa resulta imposible de negar: la ciudad está ansiosa por disfrutar de sus Fiestas. Al menos, esa sensación tienen los feriantes. «En otros sitios, la gente lo está cogiendo con muchas ganas, porque quieren distraerse de todo lo que ha pasado», analiza Gómez. «Por tanto, sabemos que en Miranda  también se quiere pasar página de estos tragos malos», completa, en relación con la pandemia de la covid-19 que frenó la correcta celebración de los actos conmemorativos.

Ese parón de la normalidad, de las fiestas, de la vida corriente y de sus momentos de disfrute no ha supuesto un óbice para que la ilusión de todos los feriantes -y de sus clientes- siga intacta. «Llevamos toda la vida, yo he nacido en ello, mi padre estaba dentro», recuerda Gómez. «Mis hijos son mayores, y ya son la tercera generación. Alguno de ellos está estudiando, pero lo han vivido de pequeños y les gusta esta vida», añade. La saga continúa, básicamente, porque «es un empleo bonito». «Otros trabajos son más repetitivos, pero este consiste en cambiar todo el tiempo», describe. «Te sientes muy libre, conoces gente y muchos lugares», sentencia.

Uno de esos lugares que ha quedado grabado por siempre en su retina se halla al noreste de la provincia de Burgos. Aunque Gómez y el resto de feriantes conocen de primera mano la vivacidad de las calles gallegas, madrileñas o castellanas, el ambiente de Miranda durante San Juan del Monte parece, según comentan, «muy distinto», casi único.