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Robe vuelve a volar

R. PÉREZ BARREDO
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El que fuera alma y líder de la ya legendaria banda de rock transgresivo Extremoduro regresa a la carretera y a los escenarios con la gira 'Ahora es cuando'. En Burgos, el 25 de junio

Robe Iniesta.

Siempre fue un enigma Robe Iniesta. Poeta salvaje, delirio infinito, visceral y sensible Bukowski extremeño siempre en los márgenes, tan invisible y oculto en sí mismo. Letrista superdotado, de un lirismo entre sucio y claro y desarmante y hermoso, es el mito del rock transgresivo español, el gran referente, el alma brutal de aquella banda, Extremoduro, que rompió todas las barreras y superó todos los límites, incluyendo los del mercado que tanto había hecho por dar portazos al muchacho que abandonó los estudios, dejó de vender chuches y de trabajar en un taller porque, acunado por Leño, Los Suaves o Barricada, tenía un veneno dentro que debía vomitar sobre un escenario con voz rasgada y con una guitarra en las manos después de vaciar su alma con tinta sobre un papel.

Llega Robe Iniesta a Burgos con su gira 'Ahora es cuando', sin Extremoduro pero consigo mismo, que es como decir que viene con todo, y sobre todo, y por encima de todo, con lo que ha sido siempre este juglar de Plasencia, con lo que han sido sus letras, su poesía, su manera de estar en la vida y en la música: emoción y verdad. La puta verdad. Sí: habrá quienes digan que hay versos salidos de su genio que pueden resultar ofensivos, desagradables, burdos; pero hay otros, muchos más, en los que quedarse a vivir para siempre por bellos y sutiles; versos que se han convertido en himnos; versos que destilan talento, sensibilidad y hondura. Un tipo que ha escrito canciones como Si te vas o Stanby se ha ganado la posteridad y mucho más. El lenguaje de la calle hecho canciones poéticas. Nadie ha escrito del amor, del deseo, del sexo con tan cruda y a la vez lírica verdad.

Robe Iniesta nunca se sintió una estrella del rock, más bien un arqueólogo de los sentimientos, un ser humano que cava y cava en su interior o en la realidad que escruta sin complejos y de ahí saca lo que sea que haya, y tira a la basura todo lo superfluo, especialmente aquello que no tiene emoción. Da igual si triste o alegre, da igual si amor o desamor, da igual si imbélices o listos. El cacereño necesita que lo que escriba y componga emocione. Necesita que esas tripas rujan con demonios o mariposas, y que la patata se le ponga al galope como si hubiera consumido droga dura. Si no, a tomar por culo. Y le vale todo. Todas las palabras, que entreteje como nadie después de haber bebido -e interiorizado- en fuentes tan diferentes y viariopintas como Machado o Lorca o Manolo Chinato o Neruda o Marcos Ana que él regurgita, pasa por su estómago, su alma, su corazón y su talento para potarlas desnudas, sin afeites, como hijas de la mar. "Soy poeta antes que roquero. Poeta, siempre poeta. Lo que pasa es que si fuera solo poeta, nadie vendría a buscarme", dijo en cierta ocasión.

La anécdota de sus inicios es memorable: hizo eso que ahora llaman crowdfounding pero sin internet, claro, sin campañas, sin apoyos, enviando cartas (hasta la Casa Real y el presidente del Gobierno recibieron una), yendo de puerta en puerta, de bar en bar. Un talego (1.000 pesetas) a cambio de un futuro disco de un grupo que se llamaba Extremoduro. Finales de los 80. Unos tipos de Plasencia que querían existir desde ese rincón olvidado. Y por qué no. De ahí nació 'Extremaydura', disco que incluye algunos de los temas más afamados de la banda (y algunos de los más irreverentes). El grupo, que además tenía un directo del copón, se hizo enseguida con una legión de incondicionales, aunque más de una vez la prepararan sobre el escenario. Pero se hicieron mucho más que un hueco, enfilando la década de los 90 como uno de los grupos de rock más escuchados del país. Y Robe se convirtió en un ídolo, un gurú, una suerte de semidios que decía lo que nadie se atrevía a decir y que además lo hacía con un lenguaje directo, sin rodeos, feroz, directo al corazón y a las tripas, como puñetazos de luz.

Tuvo siempre sus más y sus menos tanto con las discográficas como con la prensa, a la que siempre rehuyó, y ese escapismo, ese regatear y huir permanentemente de los focos, contribuyeron a construir la leyenda, el mito. Macarra y provocador, desconfiado a más no poder, Robe es un superviviente: de sí mismo, de los vicios y la mala vida, del éxito vampiro, también de la soledad de quien, rodeado, aclamado, se siente aún incomprendido y solo, terriblemente solo tantas veces. Así que tras años de éxitos y tumbos, de participar en otros proyectos, de alguna que otra escandalera cuando estaba en lo más alto, llegó la sequía, cierto silencio que resultó necesario, y echarse en manos de una vida más tranquila y pausada que le dio perspectiva y contribuyó a que el genio volviera a frotar la lámpara. Sí: en los últimos años Extremoduro decidió disolverse y la pandemia truncó la gira del adiós. Pero el alma de la banda siguió componiendo y alumbró discos que llevan su sello personal e inclasificable.

Pero Robe Iniesta siempre está ahí, siempre vuelve. Y ahora vuelve a volar, como dice uno de los nuevos temas que sonará en los Sampedros: "Pero volvería a hacerlo igual/ Arriesgarlo todo igual/ Y volvería a ganar y volvería perder/ Volvería a volar y volvería a caer", canta en la canción que lleva por título 'Ininteligible' con su voz áspera y rasgada, hecha de noche y de humo y de profundidas cavernosas y prohibidas. Es una voz también enigmática, como su dueño, que sigue siendo un misterio insondable en tantas cosas pero al que se reconoce como uno de los grandes compositores del rock español de las últimas décadas. Transgresivo, salvaje, descarnado. Póngale el adjetivo que quieran. Pero un rock que varias generaciones llevan tatuado en su alma. Y eso es para todo la vida.

*Robe Iniesta actuará en el complejo de San Amaro el próximo 25 de junio a las 21,00 horas.