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Contar la historia navegando por los grises

ALMUDENA SANZ
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Sergio Caro introduce al público del MEH en su trabajo como cámara en el que defiende que siempre ha intentado entender a todo el mundo y que ni los buenos ni los malos lo son tanto

Sergio Caro, antes de la charla, que articuló en torno a dos documentales, ‘El ejército perdido de la CIA’ y ‘Pe & Fu. Memorias de un corazón’. - Foto: Luis López Araico

Terencio: Nada de lo humano me es ajeno. Ortega y Gasset: Yo soy yo y mis circunstancias. Estas dos frases, sentencias ya grabadas en la memoria colectiva, surgieron en la introducción que Sergio Caro hizo para acercar su trabajo como cámara al público que acudió a la quinta entrega del ciclo Un mundo en conflicto en el Museo de la Evolución Humana. Y de humanidad empezó hablando, lo hizo para dudar si realmente es todo lo que dice el diccionario que significa, fragilidad, sensibilidad, benignidad, mansedumbre, afabilidad.... «No es eso lo que yo he visto», advirtió antes de recordar algo que siempre tuvieron presente él y David Beriain, periodista con el que trabajó los últimos 15 años, hasta que hace poco más de uno fue asesinado en Burkina Faso junto al cámara Roberto Fraile. 

«Siempre creímos que si el bueno es muy bueno y el malo, muy malo es que la película es mala. Nosotros siempre intentamos contar la historia navegando por los grises, sabiendo que es difícil», señaló y compartió que desde el inicio se marcaron las premisas de que no juzgarían a nadie ni militarían en ningún bando. «Intentaríamos entender a todo el mundo», agregó en los primeros compases de una charla en la que contó con la presentación del periodista de Diario de Burgos Héctor Jiménez. 

Y en ilustrar estas palabras se afanó Caro a partir de la proyección de dos películas, fragmentos de El ejército perdido de la CIA, que relata la historia de los hmong, una etnia que ayudó a los americanos durante la Guerra de Vietnam marcando objetivos a bombardear en Laos y que 40 años después del final de aquella contienda sigue escondida en la selva de Laos, perseguida por su gobierno e ignorada por el resto, y Pe & Fu. Memorias de un corazón, que sigue los pasos a Pepe en los cuidados y el día a día de su mujer, Fuencisla, enferma de alzhéimer, que grabó a la vuelta de la esquina de su casa. Cada uno es quien es y sus circunstancias. 

Desde el principio nos propusimos que no juzgaríamos a nadie y no militaríamos en ningún bando»

El periplo que le llevó con David Beriain a visibilizar a los hmong ocupó buena parte de su intervención, en la que abundó en ese color gris que pinta el mundo y en que, aunque lo parezca, los hombres no son tan diferentes, pese a estar separados por miles de kilómetros. «Cuando grabamos estas historias sabemos que vamos a contar lo que vemos allí desde nuestro punto de vista cultural y cuando te sientas delante de un guerrillero o un hmong dices 'yo quiero ser diferente, quiero estar lejos de esto', pero cuando hablas un rato con ellos te das cuenta de que la distancia entre él y tú es mínima. Hay muchas cosas en común», expuso convencido de que también se acorta entre, por ejemplo, un guerrillero y un paramilitar. De nuevo, Ortega y sus circunstancias. 

Una coyuntura en la que los reporteros acaban implicándose. Caro hizo suyas y confirmó las palabras de Beriain, que, anotó, solía decir que «cuando vas a esos sitios esas vivencias se clavan en el alma como chinchetas, no te matan, pero te duelen, y te tienen que doler».

Y esas emociones saltan en Laos, Colombia o Sevilla. Afloran donde hay conflicto y este marca la vida de todos. «A la gente le gustan los conflictos. Todo se basa en ello. Si se acaban, nos aburrimos», concluyó este inquieto cámara al que nada de lo humano le es ajeno.