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María Albilla

María Albilla


Metaverso

04/02/2022

Soy mayor, no idiota. Con estas palabras casi sobran las del resto de este breve artículo. El día que leí la historia de Carlos San Juan, un jubilado valenciano de 78 años que pedía un trato humano a los bancos a través de una iniciativa popular en change.org, lo primero que pensé fue «¡Buah!, esta historia tiene una Plaza» y vamos que si lo tiene. El objetivo de este hombre era llegar a las 500.000 firmas para que las entidades financieras mejoren su atención presencial y no solo las ha conseguido, sino que ya las ha sobrepasado. 

Seguro que alguna vez, después de ver la reforma de una oficina de banca ha dudado si al fondo hay una barra para pedir un café a lo Starbucks o si le van a vender un piso o un robot de cocina. A pesar de este escenario a todo confort, es habitual que las personas mayores estén en la calle esperando su turno de cajero a ver si consiguen sacar sus dinerillos para el día a día. Y aprenden, claro que aprenden, porque son mayores, no idiotas, pero este es un ejemplo de la flagrante deshumanización a la que nos está llevando la tecnología, que ya mira al futuro en forma de metaverso.

Y aquí quería llegar, no para ir más allá de la poesía, sino porque me asusta esa realidad paralela que se nos viene encima y que los mayores del mañana tendremos que aprender a usar. Los más avezados ya han empezado a invertir en esta suerte de mundo aún por crear en el que se supone que nos moveremos dentro de unos años a través de la gafas de realidad virtual, entre otros ingenios, creando nuestro propios avatares. Interaccionaremos con nuestros seres queridos, compraremos, nos vestiremos, incluso iremos a la oficina en este nuevo mundo cibernético que espero que alguien regule con cabeza y que nos enseñen a usar con un poco de corazón si es que se puede. Aunque todavía falten años para llegar a aquello, la deshumanización de la sociedad parece evidente.