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Martín García Barbadillo

Plaza Mayor

Martín García Barbadillo


Estilazo indiano

02/08/2022

Curva tras curva, con el pantano a la derecha, uno siente un poco que está conduciendo por la Costa Azul, por los alrededores de Mónaco o algo así. Está sugestionado porque viste pantalón de lino, guayabera perfectamente planchada (que le queda de muerte) y lleva sobre el asiento de atrás un sombrero Panamá. Llega a Pradoluengo, a la fiesta de los Indianos, que no es como la verbena del pueblo, esto es puro estilazo; hay un grupo de entusiastas señoras venidas del norte ataviadas a la manera de las ricas de principios del siglo XX: puntillas, flecos, sombrillas, sombreros y, como en el rock&roll, actitud, que es de lo que se trata. Los señores, como el que esto firma, a juego con ellas aunque siempre luce menos. La cosa empieza por la mañana, con una representación itinerante, soleadísima, explicando con gracia los logros y aportaciones al pueblo de sus hijos que hicieron el camino de ida (muertos de hambre) y vuelta (forrados). Y después, a la plaza, ¡a gossssar! Hay música en vivo y varios puestos, uno de sombreros y otro de mojitos que atiende un paisano con cadencia caribeña. Hace calor y el mojito es fresco, dulce y se sube como un cohete; ¡a por el primero! Guantanamera, guajira guantanamera…

Se le escapan a uno las caderas empujadas por la gasolina del ron y las ganas acumuladas, las nubes blancas densísimas recuerdan a los cielos dominicanos. Igual no clavamos los pasos pero si el goce. Vacilón que rico vacilón… seguimos, hace calor, y va a caer el segundo mojito, del que igual nos arrepentimos porque es la una y media del mediodía; Cha, cha, cha, que rico cha cha cha... Efectivamente, me tumba, a mí y a medio pueblo, pero tras una siesta tropical de un par de horas (y tres cuartos) que eso también es de indianos, vuelta a la carga de punta en blanco, por supuesto. Una vez resucitados, unas habaneras tranquilas y tomamos posiciones en la mejor terraza de la localidad, las escaleras de la iglesia, y a seguir. Mañana me voy a Sibanicú…, y otro mojito, qué vamos a hacer, Una vieja y un viejito seeee bañaban en un pozo… Y así hasta que cae el sol, la banda enmudece y l as señoras elegantes pierden sus pasos a contraluz por la acera de los ricos. Si no fue, se lo perdió.