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Editorial

Las consecuencias políticas de una reforma laboral aprobada 'in extremis'

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El Gobierno tenía marcado en rojo el día de ayer como uno de los más importantes de la legislatura. La aprobación de la reforma laboral era crucial para PSOE y Unidas Podemos tras haber conseguido el acuerdo entre patronal y sindicatos. Y lo lograron, aunque al final el resultado fue tan justo que la votación se decantó a su favor por un solo voto de diferencia y gracias al error de un diputado del PP, algo que debilita la posición de ambos aliados frente a los socios de investidura y que hasta ahora han gozado de sus preferencias a la hora de negociar las leyes y medidas que han pasado por el Congreso.

Evidentemente, Pedro Sánchez consiguió luz verde para un proyecto sobre el que pretende sustentar una segunda etapa de legislatura dominada por la creación de empleo estable. No obstante, a partir de ahora tendrá que emplearse a fondo para suturar las heridas que ha dejado este lance en las formaciones que le auparon a la Presidencia del Gobierno y han sostenido hasta la fecha su programa, ya que todas ellas se opusieron a la reforma. Díaz lleva semanas esforzándose en explicar sus bondades para presionar a las formaciones que habían anunciado su oposición. 

La vicepresidenta insistió en que recupera la ultraactividad indefinida de los convenios colectivos, deroga la prioridad de los convenios de empresa, se regula la subcontratación y se lucha contra la precariedad, pero no logró convencer a sus socios preferentes.

A partir de ahora solo falta de concretar las consecuencias que tendrá la herida abierta entre el Gobierno de coalición y sus aliados de investidura. Aunque los protagonistas de ambos bandos aseguran que ello no llegará al extremo de poner en solfa la estabilidad de la legislatura, es prácticamente seguro que Sánchez y sus ministros tendrán muchas dificultades a partir de ahora para sacar adelante los nuevos proyectos de ley que se debatan en el Congreso. La inestabilidad política siempre es una mala compañera y, a pesar de que el superviviente presidente socialista puede concluir la legislatura echando mano de todos los resortes del poder, la recuperación económica puede resentirse si no existen colaboración y acuerdo en la adopción de medidas contra la pandemia o la distribución y ejecución de los fondos europeos, por poner solo dos ejemplos que serán fundamentales a lo largo de este ejercicio.

La reforma laboral ya estaba en vigor desde principios de año y así seguirá. Salvado este escollo, que tan solo retoca algunos aspectos de la regulación existente hasta ahora, los agentes sociales y económicos deben trabajar para demostrar su validez y consolidar esa tendencia creciente de empleo indefinido que dejaba vislumbrar los datos de paro correspondientes al mes de enero que ha dado a conocer el INE esta semana. Habrá que ver en los próximos meses las consecuencias laborales y políticas de esta decisión.