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Victorias por inercia: el final

Diego Izco (SPC)
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El Barça festejó de forma desmedida el 0-1 en Mallorca por algo más que las bajas: por el mero hecho de ganar. El Sevilla aprieta y al Real Madrid (y a Ancelotti) se le empiezan a aparecer los viejos fantasmas

Araujo (i) y Xavi. - Foto: NACHO DOCE

Victorias por inercia, sacar los puntos sin bajar del autobús, ganar con el escudo... expresiones que pertenecen a otros tiempos no muy lejanos, cuando Madrid y Barça tenían una tremenda superioridad técnica (individual) y presupuestaria y algunos equipos preferían guardarse energías para batallas no tan desiguales. Ahora el fútbol es más táctico y más físico y hasta el Sheriff de Tiraspol te puede amargar la vida en una mala tarde, porque no tienes ni a Cristiano ni a Messi. La celebración del triunfo del Barça en Mallorca es sintomática de los nuevos tiempos (también de esos en los que el vestuario está bajo mínimos por las bajas fruto del coronavirus):ganar cuesta mucho. Y cuando cuesta, se disfruta mucho más. Bienvenidos de nuevo, equipos grandes, a la vieja realidad. 

 

Fantasmas

El Real Madrid llevaba 15 partidos sin perder hasta la 'golfada' de Militao en Getafe. Y la inoperancia posterior (casi todo disparos de media y larga distancia) deja al descubierto que Benzema es el genio de la lámpara, pero Vinícius, ausente en el Coliseum, es el verdadero agitador. El Real Madrid llevaba 22 victorias consecutivas en la 14/15 (con Ancelotti en el banquillo) cuando encajó un 2-1 en Valencia un 4 de enero. Lo que parecía un paseo triunfal hacia todos los títulos terminó en un fiasco y ninguno en la cartera. Esos viejos fantasmas, demasiado recientes (de la época de las victorias por inercia, sin ir más lejos), están presentes hoy en las pesadillas de medio madridismo. Y puede que en las de Ancelotti:excesivo inmovilismo, demasiado peso en pocos jugadores. 

 

La persecución

De hecho, lo que hace dos lunas parecía una 'Liga de uno' es ya un campeonato 'de dos' porque el Sevilla no falla. También lo hace sin alardes, sin un fútbol brillante, sin un estilo que enamore más allá de sus simpatizantes, pero Lopetegui y Monchi han adecuado al bloque a estos nuevos tiempos de presión arrolladora, exigencia física y, por encima de todo, encajar pocos goles (13, el que menos de toda la competición).