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Los negocios de estética y salud aterrizan en el medio rural

I.P.
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La crisis económica y sanitaria y la saturación de este tipo de establecimientos en las ciudades provoca el éxodo de jóvenes profesionales a los pueblos de Burgos para asentarse

De izq. a der. y de arriba a abajo: Celia García (Salas de los Infantes), Rodrigo Quevedo (Lerma), Ángela Mediavilla (Quintanar) y Virginia Miranda (Tardajos). - Foto: F2estudio, M.Á. de la Cruz y Patricia

No todo está perdido en el medio rural. También puede ofrecer posibilidades y nuevo nichos de empleo y negocios alejados de lo que quizás nos es más cotidiano, un bar, una casa rural o una tienda de ultramarinos, establecimientos en muchos casos con décadas prestando servicio a una población eminentemente agrícola y ganadera, como son los pueblos del territorio burgalés, y que han ido subsistiendo gracias al relevo generacional. 

Las posibilidades de formación, los cada vez más ciclos en los que especializarse los estudiantes o las ayudas que llegan a los emprendedores a través de los programas Leader o de las administraciones, abren más posibilidades a los jóvenes de poder invertir, ayudados por la implantación de las nuevas tecnologías. Y en ese nuevo escenario, el medio rural se ofrece como una alternativa a las capitales, donde se han ido copando los mercados laborales, y en el que muchos jóvenes que un día salieron a estudiar de sus pueblos, ahora vislumbran una posibilidad de regresar, estableciendo negocios novedosos. Así lo entiende la psicóloga María Ángeles Guerrero, que hace hincapié, además, en que hay una nueva generación de jóvenes que buscan otras formas de vida más en contacto con la naturaleza, con la tranquilidad que aporta el medio rural y con la necesidad de buscar mercados para desarrollar sus profesionales en espacios no saturados, como los urbanos, además de locales más baratos.

Para esta profesional, que también tiene experiencia en trabajar en pueblos, las nuevas generaciones buscan más libertad y autonomía, a lo que ha contribuido también pandemia del último año y medio, y la necesidad de mirar a entornos más pequeños. Además, considera que la crisis en la industria y el sector servicios hace que los jóvenes con formación en profesionales muy especializadas, busquen mercados nuevos para desarrollar su trabajo, desencantados de la crisis sanitaria y económica, que se ceba más en las urbes. En ese contexto podemos englobar los negocios que comienzan a proliferar en pueblos de la provincia, bien cabeceras de comarca o localidades más pequeñas, relacionados con la salud, la nutrición o la estética en todas sus variantes. 

Para la psicóloga, este tipo de profesiones relacionadas con la salud y la belleza e, incluso, las relativas a la gerontología tienen muchas posibilidades de cuajar en el entorno rural. «La gente cada vez es más mayor y tiene menos posibilidades de desplazarse a las ciudades, tiene que estar pendientes de familiares, y que alguien les ofrezca este tipo de servicios casi a la carta es una oportunidad que les permite seguir teniendo su independencia y buscar sus ratos para organizarse». Guerrero aclara que el cuidado del cuerpo es un servicio de primera necesidad, por eso, cree que estamos ante unos nichos de empleo con futuro en lugares pequeños, pero que pueden cubrir una zona más amplia.

Centro de Estética Mímate con Celia | Celia García (Salas de los Infantes): «Después de varios años trabajando, estoy cualificada para  llevar mi propio salón»

U na ciudad como Salas de los Infantes necesita a alguien que mime el cuerpo de su población, de sus mujeres que serán mayoritariamente las usuarias del Centro de Estética que acaba de abrir sus puertas a primeros de este mes de junio en un local situado en la carretera de entrada a la ciudad. 

Con tan solo 22 años, Celia García se embarca en este negocio, apoyada por su familia en todos los aspectos, con el convencimiento de que es un servicio esencial del que carece no solo la ciudad salense sino las localidades del entorno. Esa realidad es la que le ha llevado a emprender en su pueblo, después de un par de años trabajando en el centro de estética Conchi de la capital burgalesa, donde comenzó haciendo las prácticas tras finalizar sus estudios del grado superior de Estética en el colegio Diego Marín Aguilera. También fue decisivo para tomar esa decisión el duro año de la pandemia, durante el que el trabajo en este tipo de salones de belleza bajó muchísimo, asegura Celia, que añade que en Salas hay peluquería, donde también se hacen las uñas o depilación, pero está convencida de que hay trabajo para un salón exclusivo de estética, «por eso me he lanzado, me gusta mi trabajo, me gusta el pueblo y vivir aquí, cada vez me costaba más estar en Burgos», y añade que tampoco en el resto de la comarca hay un centro especializado como el suyo. 

No son muchos los locales para alquilar que hay en Salas, pero Celia cree que ha dado con el adecuado, eso que es pequeño, 30 metros cuadrados apenas, pero bien distribuidos y, de momento, para ella sola, suficientes. «Si más tarde necesito ampliar, ya buscaré», dice esta joven emprendedora que no deja de formarse con nuevos cursos y técnicas para estar a la última en todo lo que abarca la estética y el cuidado del cuerpo. Así, en el salón se hará todo tipo de tratamientos, depilaciones tanto de cuerpo como de cejas con distintas técnicas, lifting de pestañas, tratamientos faciales especializados, manicuras y pedicuras, esmaltados variados, tratamientos temporales y faciales y maquillajes, «un poco de todo», recalca.

Clínica Arlanza | Rodrigo Quevedo (Lerma): «Nacimos con la idea de ofrecer un servicio integral de salud y ya somos 11 trabajando»

La Clínica Arlanza nació en 2017. A lo largo de estos años no ha parado de crecer y de incorporar nuevos servicios para los clientes que no se limitan a la villa ni a la comarca, sino que se desplazan desde Burgos o provincias limítrofes atraídos por esa diversificación. 

La clínica es polivalente y se especializa en servicios integrales de salud y estética en odontología, podología, nutrición y fisioterapia. De hecho, Rodrigo Quevedo, su creador, es odontólogo y profesor del master de Prótesis y Estética de la Universidad Europea Miguel Cervantes de Valladolid, del tal manera que en la clínica de Lerma se aborda el cuidado de la dentadura de una forma integral y con tratamientos más avanzados de lo habitual, en cuanto a reconstrucciones o rehabilitaciones estéticas, carillas, blanqueamientos y ortodoncias invisibles. «Son tratamientos muy vistosos, porque cuando la boca está mal y luego te ves con dientes bonitos, luminosos y blancos, es una satisfacción grande, que ayuda, incluso a la autoestima», explica Rodrigo, que reconoce que quien se hace esos tratamientos al final aporta a la clínica otros tres clientes más. Se trata de tratamiento largos y no baratos, añade este joven odontólogo, pero satisfactorios «porque son muy visuales». 

En cuanto a podología es otra de las áreas que ha experimentado mayor crecimiento, con tratamientos de hongos y plantillas. En este caso, la consulta es 3 veces al mes y cree que tendrá que ampliar más, por el éxito que tiene. 
Actualmente, son 11 las personas que trabajan en la clínica, pero al igual que la podóloga, otros profesionales no están todos los días, aunque también es verdad, dice este profesional, que se han ido incrementando las horas ante la demanda cada vez mayor. 

Rodrigo está muy satisfecho de la marcha de la clínica y explica que instalarse en un entorno rural también tiene condicionantes positivos, como las ayudas Leader, a las que él se acogió a través de Adecoar. 

De cara al futuro, quiere introducir logopedia, «muy unido al tema de la ortodoncia, y es una forma de que el paciente tenga un tratamiento integral», explica.

Estudio de Tatuaje AMSTattoo | Ángela Mediavilla (Quintanar de la Sierra): «En la ciudad sobran este tipo de centros y  en la comarca puede tener buena acogida»

Ángela Mediavilla habrá hecho unos 50 tatuajes desde que en febrero abrió en Quintanar un estudio de tatuaje, un negocio novedoso en el medio rural, y al que cada vez se dedican más mujeres. Le bastó un curso especializado en una de las escuelas oficiales de Madrid en el año 2018 y seguir practicando y formándose posteriormente para saber que quería dedicarse a esto, aunque de inició no pensara en montarse el centro. 

Pero había que aprovechar el boom que después de la pandemia parece que tiene este tipo de negocio y decidió aventurarse en Quintanar, el pueblo de su familia y del que se siente ella, aunque nació en Getafe. En las ciudades sobran este tipo de negocios, dice, así que valoró instalarse en el pueblo y cubrir la comarca, teniendo en cuenta que le gusta vivir allí y que son negocios nuevos con salida para los profesionales. «Por un cliente que va, arrastra a 3 ó 4 más». El boca a boca, las redes sociales y los anuncios que ha ido dejando por establecimientos de los pueblos, son la mejor promoción y aunque el primer mes fue flojo, poco a poco los clientes van siendo más numeroso.

El local donde se ha instalado Ángela, que solo tiene 23 años, es pequeño, pero suficiente para el servicio, con una zona de recepción, la cabina de trabajo y dos baños. A esta joven tatuadora le atrae el blanco y negro, las líneas finas y los tatuajes pequeños, «considero que son más elegantes», dice, lo que no impide que si un cliente le pide un tatuaje en color no lo haga o dibujos en formato grande. El hecho de que sea chica no cree que influya en tener más o menos clientes, porque ahora son muchas las féminas de menos de 30 años que se dedican a ello, y tienen una ventaja respecto a los chicos, sobre todo si la que se quiere tatuar es chica y quiere hacerlo en una zona del cuerpo íntima. «Ahí creo que se encuentra más cómoda si el trabajo lo hace una mujer», reconoce. 

Como está sola en el estudio tiene horas para coger citas, entre las 10,30 y las 12,30 y las 16 a 19 horas, pero a trabajar puede empezar a las 8 de la mañana y seguir aún a las 8 de la tarde. 

Peluquería Unisex | Virgnia Miranda (Tardajos): «Hay que valorar que esto es un servicio a los pueblos pequeños y envejecidos»

Virginia Miranda inauguró hace ya un mes su peluquería en Tardajos. Ante ella se abre un nuevo periodo vital y está a la par ilusionada y asustada, comprensible ante la apertura de un negocio en el que ha invertido sus ahorros, involucrado a la familia y puestas mil ilusiones, pero que necesita ahora del apoyo y respaldo de los vecinos para prosperar. La joven se ha convertido en emprendedora, en empresaria, ella que llevaba 20 años trabajando en distintas peluquerías de varias ciudades españolas, pero de asalariada. Ahora es su propia dueña y la responsable de un negocio para el que está preparada, en el que cree y con el que considera que presta un servicio al pueblo y con el que ahorra a sus vecinos viajes a Burgos para cortarse el pelo, teñirse o peinarse; pero no solo eso, porque el servicio se complementa con salón de estética, un lujo para un pueblo de 800 vecinos que si quieren pueden evitarse pedir cita en cualquier salón de la capital, incluso para hacerse las uñas, depilarse o tratamientos de belleza. Ahora todo esto está a su alcance, con los beneficios que ello supone y una atención personalizada. Además, explica la joven, los sábado va a contar con la presencia de su hermana para tratamientos de belleza más específicos, ya que regenta un salón de belleza en la capital y está más cualificada que ella para ese tipo de tratamientos faciales y corporales. Así, en la peluquería se ha diseñado una sala para esa faceta.

Cobra valor, además, instalar una actividad así en el pueblo cuando se habla de despoblación y cuando se pone tanto en valor el emprendimiento rural. Virginia, natural de Aranda, no pensó que pudiera un día tener su propia peluquería y menos en un pueblo, porque precisamente se marchó de Aranda para abrirse camino en una ciudad más grande, con más oportunidades. Los estudios los realizó en Santander y después ha trabajado en Medinaceli, Sigüenza y Madrid.

Acabar montando la peluquería en un pueblo como Tardajos tiene un motivo poderoso, que no es otro que el amor. Daniel, su pareja, está instalado desde hace años en la villa donde también montó un centro ecuestre.