Rafael Monje

DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Puyitas al Rey

13/06/2021

Con la cuenta atrás en marcha para que se inaugure ‘Lux’, la vigésima quinta edición de la exposición de Las Edades del Hombre, no voy a dedicar los párrafos de hoy a cantar las excelencias de una de las iniciativas culturales más importantes de la historia de Castilla y León y, probablemente, de España durante el último cuarto de siglo.
Hablaré de ella dentro de unas semanas, aunque sí adelantaré que coincido con la Fundación que le da nombre en la tremenda dificultad de organizar una muestra así en cinco sedes repartidas por Burgos, Carrión de los Condes (Palencia) y Sahagún (León), en coincidencia con el octingentésimo aniversario de la Catedral de Burgos y con la celebración del Año Jacobeo.
La logística y los detalles son más complejos que nunca en una exposición marcada de antemano por la impresionante calidad de las piezas que la componen y por esa forma magistral de combinar la espiritualidad, la cultura y el turismo.
En lo que me voy a centrar hoy es en el hecho de que el rey Felipe VI acudirá el próximo día 29 de junio a la inauguración de la exposición, según anunciaron hace unos días el consejero de Cultura y Turismo y el secretario general de la Fundación Las Edades del Hombre.
Independientemente de la condición de monárquico o de republicano, la presencia de Felipe VI en ese acto es todo un símbolo y refuerza la apertura de la exposición ya que, entre otras consecuencias, aumentará de forma muy llamativa los impactos en los medios de comunicación.
Esa idea la tienen muy en cuenta hasta los ideólogos de la izquierda más recalcitrante, como quedó patente hace unos días, en el estadio Wanda Metropolitano, donde el Rey, acompañado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, estuvo presente para lanzar un mensaje sobre las posibilidades que presenta una candidatura ibérica a acoger el Mundial de 2030.
No sé si es cosa mía pero me da que a Pedro Sánchez le incomoda cada vez más la proximidad de Felipe VI, quizá sea porque el Rey representa la unidad nacional, un concepto que no termina de convencer al número uno del Ejecutivo, o porque el monarca, el mejor preparado de la historia de España, siempre sale airoso de los desplantes que le hace el Gobierno de la nación, nunca en bloque, pero siempre con la aquiescencia de algunos de sus más destacados representantes.
Me viene a la mente uno de los más clamorosos: a finales de septiembre de 2020, se celebró el acto de entrega de despachos a la promoción de jueces, recién salida de la Escuela Judicial, con sede en Barcelona. El Consejo General del Poder Judicial invitó al Rey y la Casa Real aceptó pero, unos días después, remitió un comunicado indicando que no acudiría, sin precisar la razón. La situación fue insólita pero no hacía falta mucha agudeza mental para darse cuenta de que el Gobierno, simplemente, no refrendó la intención del Rey. El revuelo fue grande y las explicaciones, muy pequeñas.
Haciendo un tiro de largo alcance, mantener contentos a tan peculiares y variopintos socios de Gobierno no debe de ser nada fácil y, de vez en cuando, hay que desplegar alguna patochada para que el golpe de efecto quede patente.
Atrás quedó aquella bobadita de Pablo Iglesias de regalar al Rey de España la serie ‘Juego de tronos’, acontecimiento que fue muy jaleado por quienes prefieren esperar a que se haga la película a leer el libro.
No hace tanto, cuando el pueblo aún no era consciente de que distaba de ser antisistema y de que se había encastado, el ahora exvicepresidente del Gobierno se dedicaba a lanzar puyitas al Rey para mantener el interés en su galería de lectores de la versión infantil de ‘El Capital’. Ahora, las puyitas las lanza Pedro Sánchez.
Quién sabe lo que significará eso.



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