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Roberto Peral

Habas Contadas

Roberto Peral


Peregrino

01/11/2021

Mucho antes de la catástrofe provocada por la covid-19 ya había hecho fortuna en nuestro idioma el adjetivo 'viral', con el que aludimos modernamente al modo en que se transmiten los mensajes a través de las redes sociales. La difusión exponencial que propician las nuevas herramientas de comunicación provoca muchas veces una ilimitada reacción en cadena de la que todos somos necesarios eslabones y a la que todos estamos expuestos, como en el caso de los malhadados virus, ya se trate de propalar noticias mentirosas, difundir vídeos que allanan la intimidad de ciertos personajes famosos o de bromear inocentemente sobre las más diversas cuestiones de nuestra actualidad.

Ocurre que la virtualidad que preside las redes acaba en ocasiones por adquirir perfiles bien reales. Hemos conocido esta semana una campaña de recogida de firmas activada en una plataforma de internet que propone «prender fuego» a la escultura floral que, erigida frente al Museo de la Evolución Humana, representa a uno de esos peregrinos que atraviesan nuestro suelo bendito camino de Compostela.

Independientemente del juicio que despierte en cada cual la obra en cuestión -a uno, por decirlo todo, se le antoja pueril y particularmente desdichada-, casi todos hemos entendido que la iniciativa que solicita que sea reducida a cenizas no es sino una chanza de mejor o peor gusto. Pero, dado que el formidable boca a boca que facilitan las nuevas aplicaciones resulta ingobernable y no hace distingos en función del grado de entendimiento de los ciudadanos o de su capacidad para apreciar la ironía, la Policía Nacional ya anda con la mosca detrás de la oreja y vigilante ante posibles ataques vandálicos contra la escultura, no sea que algún crítico de arte sobrevenido y justiciero en exceso se anime a arrimarle una tea y aquí arda Troya.

Confiemos, en fin, en que la sangre no llegue al río, y hagamos votos por que las iniciativas para hermosear la ciudad, o al menos para no afearla en demasía, dejen de refugiarse en lo sucesivo en el anonimato. En cuanto al peregrino en sí, uno se atreve a proponer a quien corresponda que dentro de unas semanas sea trasladado a Castrojeriz, y luego a Carrión de los Condes, y poco a poco vaya acercándose así a la tierra en la que reposan los restos del apóstol.