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Martín García Barbadillo

Plaza Mayor

Martín García Barbadillo


¿Qué me pongo?

10/01/2022

Hasta ahora nos hemos librado porque era Navidad, pero desde hoy ya no nos salva nadie: el 13 de febrero hay elecciones autonómicas y los que se juegan el negocio ese día van arrancar su circo y dar la matraca sin parar.

Ya sabe, de repente unos tipos (y tipas) se hacen omnipresentes en los informativos desplegando una actividad frenética: por la mañana están en un mercado en Ponferrada, a mediodía en un colegio en la Montaña Palentina y por la tarde en una fábrica de chorizos en Soria. Y todo el rato haciéndose los simpáticos con cualquiera que se cruzan y fingiendo estar interesado por lo que les cuentan. Para eso hay que valer, las cosas como son. En realidad, lo único que les importa es que los saquen en los medios (y redes) diciendo que se preocupan por el pequeño comercio, la educación o la industria agroalimentaria. La gente es la excusa, bulto y poco más.

Puestos a verle una parte divertida a este rollo, puede dar grandes momentos de carcajadas fijarse en el atuendo de estos superhéroes del saludo campechano (y gratuito). La cosa es muy clara: si uno va a recoger el Premio Nobel, el protocolo exige frac negro con chaleco blanco. Uno ha de ir acorde con el lugar en el que se encuentra, por respeto, empatía y para no hacer el ridículo o parecer un tolai. Así, si se visita una granja o un pueblo perdido sin fibra ni nada, no se puede ir con el look sport pijo de tomarse una por el centro el domingo por la mañana, y no se puede por varias razones. La primera, porque canta un montón que la única granja que ha visto en su vida ha sido en los libros de cuentos que se leen al niño para dormir. Se deduce, también, que ni sabe ni le interesa ni se va acordar del asunto cuando corresponda. Además, algunas personas visualizarán lo evidente: que los políticos viven en un mundo distinto al de la mayoría de los ciudadanos. 

Resulta incomprensible que los partidos cuenten con tantos asesores en estos asuntos y ninguno haya dado la solución evidente: vestir al candidato de Quechua de arriba a abajo, de pies a cabeza, algo que el ciudadano común sabe que es literalmente posible. Serán los mismos perros (y resultados) con distintos collares, pero un poco de clase. ¿O irían a recoger el Nobel en chanclas?

Salud y alegría.