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Rafael Monje

DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


La fina franja entre lo moral y lo legal

20/04/2022

Como es sabido, el fútbol atrae a las masas como ninguna otra actividad, ya sea deportiva o de cualquier otra índole. Pero cuando en el mundo futbolístico se mezclan asuntos presuntamente turbios, la olla acaba por estallar. Y eso pasa precisamente ahora con la filtración de las conversaciones que mantuvieron en 2019 el presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Manuel Rubiales, y el jugador del Barcelona Gerard Piqué, en representación de su empresa de eventos Kosmos, con el fin de negociar los acuerdos económicos por el traslado de la celebración de la Supercopa de España a Arabia Saudí. El actual formato de competición, que ahora disputan cuatro equipos y no dos, no se pudo celebrar en el país árabe en 2020 a causa de la pandemia. Se disputó en 2021 en Sevilla como medida de precaución y se renovó el acuerdo para el trienio 2022-2024. El acuerdo ronda los 30 millones de euros al año, que paga el Reino Saudí, con una previsión de 240 millones hasta 2030.

El jugador del Barcelona, supuesto conseguidor del compromiso, hace un reparto de esos millones, incluida su jugosa comisión, y siempre cuidando que el Real Madrid y FC Barcelona no falten a esta cita competitiva como actores fundamentales del espectáculo. Pero el debate aquí no lo suscita la legalidad o no de las cuestiones de fondo del contrato. Tampoco la comisión que recibe la empresa de Piqué como intermediaria, ni lo que suponen estos ingresos extra para la Federación, sino que lo que escandaliza es la utilización de un estilo barriobajero y de compadreo de 'reparto de botín' que casa más con la habitual corruptela que campa a sus anchas en nuestro país que con los estándares que deben regir las transacciones empresariales transparentes. ¿Es Piqué juez y parte al provocar este negocio, siendo todavía jugador en activo en un club que intervendrá en esta competición? Además, la operación no ha contado nunca con la opinión de los actores principales que sustentan el negocio como son los aficionados, ni por otro lado se ha tenido en cuenta llevar un espectáculo a un país donde el sexo femenino está tan denostado. Sin duda, hay veces en que lo legal y lo moral no estarán reñidos, pero lo parecen.