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Juan José Laborda

RUMBOS EN LA CARTA

Juan José Laborda

Historiador y periodista. Expresidente del Senado


Socialdemocracia e internacionalismo

24/04/2022

El Socialismo, después de las revoluciones en Francia de 1789 y 1830, cobraría importancia en Europa, y esto es lo que escribo en la Enciclopedia de las ciencias morales y políticas para el siglo XXI (Real Academia de Ciencias Morales y Políticas&Boletín Oficial del Estado, 2020), para la Voz Socialismo:
Wilhelm Weitling (1808-1871), prusiano, de profesión sastre, tuvo que exiliarse en Francia después de su activa participación en los acontecimientos revolucionarios de 1830 en Leipzig. En Francia fundó la Liga de los Justos, una sociedad secreta que se extendió por diversos países europeos. Weitling ejerció un gran liderazgo por sus escritos en Europa, aunque finalmente emigró a Estados Unidos. Reconoció su deuda intelectual con Charles Fourier (1772-1837), un socialista utópico francés, fundador de los falansterios; con Robert de Lammenais (1782-1854), un cura católico francés que evolucionó desde el ultramontanismo al igualitarismo radical; y finalmente con Louis Auguste Blanqui (1805-1881), un revolucionario profesional, algo parecido al comunista leninista.
Weitling tiene además importancia por su relación con Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895). La Liga de los Justos pasó a llamarse Liga de los Comunistas, y como tal encargó a Marx y Engels la redacción del Manifiesto del partido comunista, publicado en alemán en Londres, poco antes de que estallara la Revolución de 1848 en Francia. Engels en el prólogo del Manifiesto de 1890, aclaró que: cuando este Manifiesto vio la luz, no pudimos bautizarlo de Manifiesto socialista. En 1847, el Socialismo designaba un movimiento burgués, el Comunismo un movimiento obrero.
El Socialismo se desarrolla en Europa a partir de la Revolución de 1848, en Gran Bretaña con sindicatos reformistas, y en el continente con polémicas entre tendencias revolucionarias.
Louis Blanc (1811-1882), miembro del gobierno provisional francés de 1848, un precursor de la socialdemocracia, fue un símbolo de la frustración que supuso la Revolución de 1848 en Francia y en Europa para los reformistas.     
Marx tuvo que refugiarse en Gran Bretaña en 1849, y se dedicó fundamentalmente a estudiar el capitalismo. En 1867 publicó El Capital. Crítica de la economía política, cuyas ideas llegaron a ser muy influyentes en el socialismo. Marx pretendió que sus análisis eran científicos, y sostuvo que el capitalismo obedecía a unas leyes que terminarían destruyéndolo, mediante una revolución proletaria, del mismo modo que la economía burguesa extinguió el modo de explotación feudal.
Pierre-Joseph Proudhon (1808-1865), un activista y teórico anarquista, publicó una obra Sistema de las contradicciones económicas o Filosofía de la Miseria que Marx atacó en su libro Miseria de la filosofía, demostrando que Proudhon desconocía a los grandes economistas de su tiempo. El estilo mordaz de Marx fue decisivo para la divulgación de sus ideas, y George Steiner le compara en este sentido con Lutero.
Después del fracaso de la Comuna de París (1871), Marx intentó revisar a fondo sus teorías sobre el capitalismo, según escribe Gareth Stedman Jones, en su reciente biografía. Muerto Marx, fue Engels quien publicó los dos tomos siguientes de El Capital, pronosticando el final revolucionario del capitalismo, que no estaba en los borradores de Marx, y tampoco era su pensamiento último.
Engels y Karl Kautsky (1854-1938), el teórico marxista del Partido Socialdemócrata Alemán, mantuvieron la teoría de que el capitalismo se autodestruiría, y de sus ruinas surgiría automáticamente el socialismo. Esta doctrina se impondría en la estrategia de la mayoría de los partidos socialistas hasta después de la II Guerra Mundial, cuando Marx fue sustituido por teorías keynesianas.
Sin embargo, Vladimir Ilich Ulyanov, Lenin (1870-1924), y los partidos comunistas, buscaron con la revolución acelerar el fin del capitalismo. Las contradicciones económicas que lo destruirían, Lenin las describió en su libro de 1916 El Imperialismo, fase superior del capitalismo, que fue la doctrina oficial de los Estados comunistas para vencer a sus rivales ideológicos. Es significativo que la Unión Soviética cayó en 1991, cuando ya no había países colonizados en el mundo, salvo los dominados por el ejército soviético.
Mutatis mutandis, es hoy la estrategia de Rusia en Ucrania; Putin está en la fase primitiva del colonialismo, aunque no lo crea Pablo Iglesias y sus conmilitones de la llamada izquierda, ejemplo nostálgico de ideología soviética.