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Rosalía Santaolalla

Sin entrar en detalles

Rosalía Santaolalla


El arbolito

16/12/2021

Fue después del confinamiento, cuando ya pudimos salir a la calle, cuando aún se nos hacía raro volvernos a cruzar con alguien y paseábamos por los parques mirando alucinados cómo una primavera sin presencia humana les había proporcionado una exuberancia casi inédita. Era casi verano y un pequeño árbol, el enésimo intento de llenar un alcorque junto a mi casa, quiso empezar a dar muestras de progreso. Aquel día de nueva normalidad, una pareja pasó por mi lado, paró apenas un segundo junto a lo que apenas era poco más que un tronco con unas hojas, y ella dijo: «Mira, ha retoñado». Lo dijo así, usando un verbo precioso, que apenas había escuchado antes, que yo recuerde solo en los versos de Miguel Hernández cantados por Serrat. El escuálido arbolito había retoñado mientras todos estábamos en casa y, aunque le faltaba todavía mucho para conseguir el porte y las flores rosas de los ejemplares vecinos, nos dio la impresión de que este sí había conseguido quedarse en el barrio. 

Hace unos días apareció partido por la mitad. Supongo que de una patada, o varias. Con ensañamiento. Porque sí. De esta íbamos a salir mejores, decían algunos. Una de las cosas que más duele asimilar cuando te haces mayor es la maldad deliberada. La aparente necesidad que tienen algunas personas de hacer daño. Incluso sin conocer a quienes atacan, en redes sociales o donde sea, porque Twitter o Instagram no son más que un reflejo parcial de lo que somos. Que alguien me explique qué tipo de satisfacción puede encontrar una persona que vuelca su odio en redes vejando, insultando y deseando todo tipo de males a otros, por muy famosos o por muy expuestos que estén en redes. Gente llamando gorda o loca a cualquier mujer a la que no conocen de nada o, yo qué sé, fanáticos ofendidos por algo tan absurdo como la elección de un intérprete para encarnar al personaje de un libro que ellos se imaginaban con otros rasgos, acosando al actor hasta el punto de obligarle a borrar su perfil en redes. Serán pocos los que van tronchando árboles por ahí, pero qué mal cuerpo dejan. 

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