Condena mínima para 9 traficantes de speed

A.C.
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Condena mínima para 9 traficantes de speed

La Audiencia Provincial aplica la atenuante de dilaciones indebidas y deja las penas entre 2 y 2,5 años

Los cuerpos nacionales de Policía de Bilbao y Burgos culminaron en septiembre de 2012 una exitosa operación antidroga, en la que se contabilizaron 16 detenidos, de los que cinco quedaron en libertad sin  cargos, uno ha sido absuelto de las acusaciones, otro más falleció en 2014 y nueve han sido condenados por un delito contra la salud pública a penas de dos años de prisión en su mayoría, salvo un caso en que se eleva a dos años y medio, así como al pago de multas que oscilan entre 18.000 y 20.000 euros, a excepción de una de 6.000. Dos de los diez acusados desarrollaban su actividad desde Pedrosa de Valdeporres y Villanueva de Mena, mientras que el resto residían entre Baracaldo, Bilbao, Guipúzcoay Navarra. Todos, salvo el que finalmente ha quedado absuelto, prestaron conformidad a los hechos y las penas antes de llegar a celebrarse el juicio oral, dado que se les incautaron un total de 20 kilogramos de anfetamina o speed.
En todos los casos, la Audiencia Provincial, que dictó sentencia el pasado 29 de abril, ha aplicado la «atenuante de dilaciones indebidas», a consecuencia de los casi siete años en que ha tardado en llegar la sentencia de este caso, que en su día instruyó el Juzgado número 2 de Villarcayo. Asimismo, en algunos casos, como en el del acusado de Pedrosa de Valdeporres, también se ha aplicado la atenuante de drogadicción, lo que ha reducido aún más las penas.
Una llamada anónima realizada a la Comisaría de la Policía Nacional de Bilbao, en la que se comunicaba que una furgoneta, propiedad del vecino de Villanueva de Mena «se estaba preparando con un doble fondo para transportar grandes cantidades de drogas» y el hecho de que este hombre ya estaba siendo investigado en relación con el tráfico y distribución de sustancias estupefacientes dieron lugar en marzo de 2012 a varios autos del Juzgado de Villarcayo para autorizar la intervención de su teléfono y el de otros de los implicados en la trama. Las escuchas también se realizaron al teléfono del vecino de Pedrosa de Valdeporres, que mantenía una estrecha relación con el de Villanueva de Mena.
La información obtenida durante la investigación llevó a realizar cinco registros entre el 15 de junio y el 4 de septiembre de 2012 en domicilios de Las Merindades, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra. En ellos  se intervinieron 20 kilogramos de speed. Las mayores cantidades se hallaban en la vivienda del fallecido, donde había 11,2 kilogramos con un valor en el mercado de más de 200.000 euros. En el domicilio de Pedrosa de Valdeporres se incautaron 1,3 kilogramos de speed con un valor de 25.419 euros, mientras que al acusado de Mena solo se le intervinieron 5,4 gramos de marihuana, un vehículo de alta gama y una furgoneta.

 

De sardinas, pulpos, barcos y piratas... en tierra adentro

 

La sentencia de la Audiencia Provincial desvela buena parte de las conversaciones telefónicas entre los nueve acusados por tráfico de drogas

 

Ser traficante de drogas entraña su dificultad, a la vista de las conversaciones encriptadas que solían mantener los nueve acusados por la Audiencia Provincial y las idas y venidas que tenían para cobrar por su mercancía. El acusado de Villanueva de Mena  preguntaba a uno de los traficantes con domicilio en Baracaldo «sobre el barco que tienen a medias» o sobre «la factura del barniz». Curiosamente, el de Baracaldo encontró «un posible comprador para el barco que se encuentra en Murcia por un precio de 10.000 euros», a lo que el vecino de Villanueva de Mena a-ccedió. Sin embargo, aquella operación no acabó bien, porque el comprador del barco de Murcia fue detenido antes de que pudiera realizar la transferencia de dinero.
Mientras, el acusado de Pedrosa de Valdeporres también pasó sus malos momentos y en una llamada le contó al de Mena que «había tirado todo a tomar por culo, está el tema muy raro por la zona, que hay mucha policía», le decía, según relata la sentencia. En Villasana le decía su compinche que «se ha calmado un poco la cosa». Mientras, el de Valdeporres quedaba en Puentedey o Brizuela para sus negocios, aunque pedía a sus clientes que recogiesen la mercancía en un botecito depositado en una cuevita y así evitar sospechas. Uno de sus clientes era ‘Sardina’, otro se hacía llamar ‘Pirata’. En las escuchas también apareció un tal ‘Pulpo’, como si los nombres sobre fauna marina fueran los preferidos en este mundillo.