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Ramadán: oración y ayuno

R. PÉREZ BARREDO
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Los cerca de 8.000 musulmanes que residen en la actualidad en Burgos están celebrando el mes del Ramadán, sagrado tiempo de espiritualidad marcado por el ayuno y el rezo desde que se sale el sol hasta que se pone

Ramadán: oración y ayuno - Foto: Alberto Rodrigo

Es la voz armoniosa y melódica de Abdelwadoud la que guía la oración en el interior de la mezquita, en la que una treintena de musulmanes siguen la liturgia con recogimiento. Ya se ha puesto el sol, y en el mes del Ramadán, que este año se prolonga hasta el día 2 de mayo, es la hora del rezo del Maghrib, que precede al momento en el que se rompe el ayuno. Junto a Abdelwadoud, natural de Mauritania, se encuentra Ibrahim, recién llegado de Egipto, que va a ser el imán titular de la mezquita Attaqwa, ubicada en la calle Santa Cruz. Es Ibrahim quien ahora eleva las plegarias. Cuando finaliza el rezo, quienes han orado se arremolinan en torno a una mesa en la que hay dátiles y leche. No han ingerido ningún alimento ni bebida desde el alba. Es el momento del Iftar, de romper el ayuno, tradición con la que cumple la importantísima comunidad musulmana de Burgos, que se acerca a las 8.000 personas.

Esos dátiles son una suerte de aperitivo. Concluida la ceremonia, el grupo que ha estado orando, y otros que a esa hora llegan a la mezquita, se dirigen al comedor que el templo tiene en la planta baja, donde hay varias mesas dispuestas y donde ya se olfatea el aroma de las viandas que esperan a los comensales. Es, como no podía ser de otra manera, una cena consistente: son muchas las horas que llevan sin probar bocado y sin dejar de hacer sus labores cotidianas, como cumplir con el trabajo. Quienes aquí se reúnen a diario durante este mes, explica Abdelwadoud, son en su mayoría aquellos que se encuentran en Burgos sin sus familias, de ahí que decidan juntarse y romper el ayuno en compañía.

Se trata de musulmanes de muy diferentes nacionalidades: Marruecos, Senegal, Argelia, Sáhara, Guinea Bissau y Conakry, Egipto, Mauritania, Siria, Costa de Marfil, Gambia, Burkina Faso, Pakistán... Una Babel unida por el venerado mes que recoge el Corán. Tiempo de reflexión, de oración, de recogimiento, de espiritualidad. Quizás para la cultura occidental el Ramadán sea únicamente sinónimo de ayuno. Explica Abdelwadoud que es mucho más. «El ayuno sólo es un modo de fortalecer nuestra fe.Es una cuestión muy espiritual. Durante este mes te sientes mejor persona. El ayuno, sentir hambre, nos hace ponernos en el lugar de aquellos que padecen hambre y sufren por ello; nos hace pensar en su dolor y nos mueve a ser mejores personas y más generosos».

Es un tiempo de mirarse hacia adentro, de buscarse a uno mismo, a Dios en el interior. «Se reflexiona mucho con la oración. El ayuno es como una escuela para nosotros. Es un tiempo muy espiritual». Son pocos los que lo pasan mal durante este mes. Están acostumbrados al ayuno, para el que se preparan psicológiamente varias semanas antes del Ramadán ejercitándolo durante dos días. 

(El reportaje completo, en la edición impresa de hoy de Diario de Burgos)