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Las elecciones andaluzas, en el alero de junio

Carlos Dávila
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Si Juanma Moreno decide cerrar el Parlamento y llamar a las urnas, los comicios regionales serían una lucha embrionaria entre Sánchez y Feijóo

El presidente del PP (i), junto al de Andalucía, durante el pasado Congreso Nacional del partido en Sevilla a principios de mes. - Foto: Julio Muñoz

Hasta el lunes mismo la especie que más corría por los círculos de poder en Madrid, también es de suponer que en los andaluces, era que a finales de este mes, Moreno Bonilla procedería a clausurar su Parlamento y convocar elecciones para el 19 de junio. Sin embargo, la especie está ahora en espera; espera a conocer los últimos sondeos regionales y a vislumbrar si la candidata de Vox, Macarena Olona, sube o baja en su aterrizaje en aquella región. Es decir, que lo que parecía cierto hace una semana ahora hay que cogerlo con pinzas. El cronista ha hablado con un representante muy significativo del nuevo PP nacional y se ha expresado así, naturalmente off the record: «Yo le aconsejaría (a Moreno) que aguantara porque no se sabe si Vox es peor para él antes que después de las elecciones próximas».

Lo cierto es que, tras esta Semana no tan Santa como hace 40 años, volverá la inmediatez de la tensión política en España. Con un calendario endiablado que comienza con la muy probable cesión de la primogenitura gallega de Feijóo, y que podría terminar, según avanzaban los pronósticos de hace una semana, con las elecciones regionales del 19 de junio en todas las provincias sureñas. Antes, en estos mismos días, ha quedado resuelta la Presidencia de Mañueco sobre la que irrita bastante el análisis que ha realizado no solo el PSOE sino algunos analistas ya directamente volcados en la alternativa de Abascal, o en la persistencia de seguir tocando las pelotas al nuevo Partido Popular de Feijóo. Según unos y otros, Mañueco debe su reiniciada legislatura a Vox. Les trae por una auténtica higa que el presidente de Castilla y León haya conseguido nada menos que ¡dieciocho escaños más! que el desconocido, y nublado por el jinete Abascal, García-Gallardo; igual. Por cierto: ¿saben ustedes que el elegido como vicepresidente del Gobierno de Mañueco reside en Madrid, y solo tiene intención aparecer por Valladolid los días de celebración del Consejo del Ejecutivo? Esto nadie lo refiere: ya hay miedo evidente a que Abascal le sienten mal estas informaciones.

Pero aclarado este bochornoso asunto, hay que recaer en otras etapas del cronograma político de esta irregular primavera. Después de la despedida santiaguesa del presidente nacional del PP, quedan pendientes por lo menos dos congresos trascendentales y otros siete u ocho menos para mayo: el de Madrid y el de la propia Galicia. Finalizados los escarceos en forma de globo sonda, Feijóo ya se ha declarado apostante de un Congreso partidario en su autonomía no solo para elegir la sucesión al frente del PP regional, sino, sobre todo, para presentar a su sucesor. Feijóo no da pistas a este respecto, pero el candidato más reseñado, Alfonso Rueda, tiene ahora mismo dificultades para contar con el apoyo de algún barón (cacique le llaman allí) como el orensano Baltar, un personaje que goza de una enorme impronta social no solo en su provincia, Orense, sino en toda la región. No hay por tanto que descartar otros aspirantes.

Dos importantes congresos

El otro Congreso será el de Madrid, convocado por Feijóo para el 20 y 21 del mes venidero. Es curioso, si Casado y Egea hubieran aceptado una fecha como esta ahora seguirían al frente del PP y muy cerca de desalojar a Sánchez de La Moncloa. Terminada ya la hecatombe interna del PP de la Comunidad, la dirigente autonómica más atacada de España, Isabel Díaz Ayuso, será proclamada con toda certeza presidenta de su formación regional. Ya advierto desde el principio que, aunque la elección no presenta problemas para ella, se van a producir dos crisis, pequeñas o grandes pero crisis al fin. La primera será la persistente que ya está alentando el Gobierno de Sánchez y sus satélites leninistas a cuenta de las mascarillas importadas por Tomás, el hermano de la presidenta. Es un escándalo tan artificial como sectario porque fíjense: ahora mismo, hay tres altos cargos de Sanidad de la coalición socialcomunista que han sido imputados precisamente en un juzgado de la capital de España por ¡el mismo presunto delito que se achaca al directo familiar de Ayuso! Sobre este vil asunto, silencio sepulcral.

Ayuso sufre pues la inquina de sus adversarios y en sus alrededores contemplan con alguna cautela y previsoriamente lo que vaya a suceder a la hora de componer el equipo parlamentario y partidista de la presidenta. En este momento y para dentro de unos meses cuando haya que formalizar las listas parlamentarias a la Asamblea de Madrid. Ya podemos adelantar que la dirección nacional del partido aspira a tener una representación sustancial en los órganos regidores. Indican, para tranquilidad general, que no se va a repetir en absoluto el alboroto, pleno de lo más sucio de las políticas, que no hace tanto tiempo protagonizaron la misma Ayuso y Casado, pero sí que puede haber una disparidad en el momento clave de presentar en sociedad a los colaboradores más cercanos a la jefa del Gobierno regional de Madrid.

Posible jugada del PSOE

Dos congresos con enjundia propia que, en un primer vistazo, ahora muy revisado, coincidirían en el tiempo con la campaña para las elecciones anticipadas en Andalucía. Faltan escasos días para que el aspirante a repetir en su cargo, Juanma Moreno Bonilla, decida si cerrar el Parlamento y convocar por ende nuevas elecciones. En el primer caso, se abriría una fogosa campaña que aparecería como la lucha embrionaria entre Sánchez y Feijóo, un ensayo general con todo de las generales que, como muy tarde, deben celebrarse en noviembre del 23. No hay que descartar sin embargo que Sánchez intentará articular una jugada, de las que los socialistas más afectos denominan maestra, e hiciera coincidir unos comicios con otros, generales y autonómicos al mismo tiempo.

Desde luego, alto voltaje para la rentrée. El Gobierno de Sánchez se está esmerando en ingeniar movimientos de propaganda con destino a acrisolar una pésima imagen del PP en dos dosis: su vinculación con a ultraderecha de Vox, y su negativa a arrimar el hombro, su expresión favorita, con acuerdos de Estado para salvar a España del marasmo mortal en que nos ha introducido su nociva andadura. Al verano no vamos a llegar incólumes ante tanta incógnita por despejar. Y con enorme incertidumbre. Lo hemos escrito: lo que resultaba seguro hace 10 días ahora depende de la reflexión de Moreno Bonilla.