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Roberto Peral

Habas Contadas

Roberto Peral


Pasaporte en regla

06/12/2021

Cándidos sin remedio como somos, algunos ciudadanos abrigábamos la esperanza de que la pandemia, con la tremebunda crisis que ha traído consigo, diese lugar a una revolución que acabara desembocando en un contrato social algo más razonable. La tal revolución ha brillado por su ausencia, claro, pero ha generado, si se nos permite recordar a Franz Kafka, el limo de una nueva burocracia. Durante los meses de confinamiento ya se expedían unos salvoconductos de trabajo a los que uno atribuía un puntito romántico, porque le recordaban a aquellos que oculta Humphrey Bogart en el piano de su café en Casablanca para burlar a los nazis, y ahora entra en vigor en algunos territorios el certificado sanitario de vacunación, exigido para ingresar en determinados locales y al que se ha adjudicado el promisorio nombre de pasaporte acaso para suscitarnos la ilusión de que, en vez de irnos con la familia a Zaragoza, hemos aprovechado el puente para viajar a Bali, o a la Capadocia.

Resulta un tanto paradójico que en un país, España, que rechaza la vacunación obligatoria planteada por Bruselas debido a su alto porcentaje de inoculación -casi el 90 por ciento de la población mayor de 12 años-, se exija sin embargo un visado que únicamente acredita que el portador ha completado la protección farmacológica contra la covid, sin que nadie pueda garantizar que su presencia en un restaurante o en una residencia de ancianos no será la causante de una hipotética transmisión del virus. 

A pesar de ello, volvemos a asistir al nada estupefaciente espectáculo de unas comunidades autónomas que siguen tomándola contra la hostelería y se enzarzan con las instancias judiciales para obligarnos a documentar que hemos sido inyectados, cuando ya casi todos hemos recibido la vacuna, sin que se tome medida alguna contra aquellos que se niegan a inmunizarse, acaso persuadidos de que el ejercicio de su sacrosanta libertad les faculta para complicarnos la vida a todos. En lugar de ello, crecen los engorros burocráticos, que van constituyendo el alma de esa nueva realidad que algunos, la verdad, imaginábamos bien diferente.