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Un Mañueco ganador, pero inmerso en la encrucijada de Vox

R. Briongos
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El PP no puede disimular el sabor agridulce de su victoria de ayer. Sabe que lo tiene fácil para gobernar pero debe pactar con un García-Gallardo «al que se le está poniendo cara de vicepresidente», como dijo Abascal

Alfonso Fernández Mañueco, visiblemente contento, a la hora de analizar el resultado de las elecciones. - Foto: Manuel Ángel Laya (Europa Press)

Diálogo. Ese fue el principal mensaje que lanzó ayer un Alfonso Fernández Mañueco visiblemente satisfecho cuando analizó el resultado de unas elecciones que él decidió adelantar. Va a tener que utilizarlo hasta el Pleno de investidura, tanto para convencer a Vox, el único partido dentro de la política real que le puede dar estabilidad, como para explicar, incluso dentro de su propio partido por qué es positivo unirse a la formación de Santiago Abascal en este viaje. Quien escuchara la intervención de Pablo Casado en la moción de censura que presentó el primero hubiera asegurado que ese pacto sería imposible, pero desde aquello ha llovido y el que ahora mismo está necesitado de cobijo es el líder nacional del Partido Popular. Si Casado quería reeditar una victoria como la lograda en Madrid no puede estar satisfecho de los resultados ya que se ha demostrado que aquello no hay que atribuírselo a la marca PP, sino a la marca personal Isabel Díaz Ayuso. 

 La gran duda que se plantea es ¿si hubiera conocido estos resultados Mañueco habría adelantado las elecciones? Él mismo dio respuesta afirmativa en su intervención, apelando a la necesidad de  acabar con la posibilidad de que se interpusiera una moción de censura, pero será bueno conocer su opinión dentro de unos días, cuando haya comenzado ya ha negociar con Vox. Sea por decisión propia, inducido por Génova y Pablo Casado o alentado por la concatenación de encuestas favorables, lo cierto es que a Alfonso Fernández Mañueco no le ha salido gratis la disolución del Parlamento regional. No ha alcanzado su objetivo de que el PP obtenga más procuradores que toda la oposición de centro izquierda junta, Tendrá que dar entrada en su Gobierno a un Vox claramente al alza que ya ha dejado clara su intención de que sus políticas tengan reflejo en el Boletín Oficial. Y a la vista de lo que ocurrió con el anterior acuerdo, van a multiplicar los  mecanismos de control para no estar al albur de que el presidente decida apretar el botón nuclear.

 Los de Abascal son los grandes beneficiados de este adelanto electoral. Con una campaña muy cercana a la gente y con una continuada presencia de los líderes nacionales en todos los territorios pronto disiparon las dudas que causó en un principio la designación de un candidato desconocido y al que algunos mensajes de hace años en las redes sociales le jugaron una mala pasada. Una vez más ha quedado demostrada la existencia de un voto oculto a ese partido; mucha gente no se atreve a admitir en público que elige esa papeleta, por eso las encuestas por lo general aventuran peores resultados de los que finalmente obtiene.

Juan García-Gallardo se dirige a sus incondicionales en el acto de Valladolid. Juan García-Gallardo se dirige a sus incondicionales en el acto de Valladolid. - Foto: Claudia alba (Europa Press)También ha ganado eso que ha venido en denominarse la España Vaciada. La irrupción de Soria Ya! con tres procuradores es una demostración de que el sentimiento de agravio es un mensaje que cala pronto en el electorado. No partían de cero, ya que les contemplan casi dos décadas de movimiento social, pero la urnas siempre son una incógnita y en esta ocasión la moneda ha caído de su lado.

En el lado contrario, el de los perdedores, la izquierda en su conjunto se lleva la palma. Ese oasis que supuso la victoria del PSOE tras décadas de victorias populares se ha evaporado en menos de dos años y medio. El mazazo de no poder gobernar en aquel entonces, la irrupción de otras fuerzas políticas, las plataformas, que pescaban votos en su mismo caladero y el arrastre de la política nacional, con un Pedro Sánchez lejos de sus máximos de popularidad, han hecho que se deje siete procuradores por el camino. Ni una campaña que ha ido de menos ni el consenso que el candidato lograba dentro del partido han permitido parar la sangría. Tampoco Unidas Podemos ha quedado mejor parada, al quedar su representación en la mitad de la que tenían.

Y si empezamos con Mañueco, hay que terminar con Francisco Igea. El de Ciudadanos ha basado toda la campaña en la deshonestidad de esta convocatoria y de la falta de palabra del presidente que tiro por los aires del pacto, pero el electorado no le ha comprado ese discurso. Tal vez Igea no se dio cuenta de que es difícil obtener unos buenos resultados cuando vas a la contra y conviertes a tu antiguo socio en la diana donde lanzar todos los dardos. Claro que luchar contra la tendencia a la baja de un partido es una tarea de titanes y Ciudadanos es, hoy por hoy, una marca a la que nadie quiere asociar su nombre.

Este es el resultado de las urnas y no queda más que aceptarlo.