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Día de muertos, día de alegría

CÉSAR CEINOS
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En Burgos también se recuerda con coloridos altares mexicanos a los seres queridos que ya no están entre nosotros

Sonia Patricia Villegas, junto al altar colocado en su vivienda de Valles de Palenzuela. - Foto: Luis López Araico

Parece extraño el titular, pero en México y en una pequeña parte de Burgos es así. El Día de Muertos, una de las tradiciones más famosas del país iberoamericano, es sinónimo de felicidad. «Es un momento de alegría porque sentimos de nuevo a la gente que se fue», asegura Sonia Patricia Villegas, una de las 85 personas con pasaporte mexicano que reside en la provincia, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística.

Villegas, que fue presidenta del Centro Cultural Mexicano en Burgos, era una de las socias que participaba en la colocación del altar de muertos en la cafetería Alonso de Linaje de la capital burgalesa. Llevaban haciéndolo durante muchos años, pero por culpa del coronavirus ni en 2020 ni en 2021 han podido instalarlo en el local hostelero del centro de la ciudad. Ante esta incómoda situación, la mexicana decidió continuar con este rito en su casa de Valles de Palenzuela (cuenca baja del Arlanza) y el jueves montó un altar en el recibidor de su vivienda, donde permanece expuesto todo el puente.

Estos espacios están dedicados a la memoria de los seres queridos que ya no están entre nosotros. Por ello, se ponen sus fotos en un lugar preferente y se decoran con papel picado alusivo al Día de Muertos, catrinas (uno de los símbolos más conocidos de esta festividad), calaveras (algunas de ellas son dulces) y flores de cempasúchil, comenta la mexicana. Los devotos católicos, además, ponen estampitas de santos y crucifijos. Villegas, junto a las imágenes de sus padres, sus suegros y varias amigas, colgó en la pared un cuadro de la Virgen de Guadalupe, patrona de su país de nacimiento.

Según la tradición, los espíritus de los muertos vuelven en estas fechas a estar con los vivos. Las filas de velas simbolizan el camino del retorno de los difuntos y su llama, la luz. Por su parte, la pequeña palangana con agua, jabón y una toalla, y el vaso con líquido representan la limpieza que llevan a cabo los fallecidos tras regresar con sus familiares y amigos. «Llegan cansados y sudorosos y se asean para disfrutar de la compañía», agrega la mexicana.

Los altares, que están perfumados con incienso, se completan con una cruz de cenizas, que purifica a los fallecidos, y alimentos. Entre las ofrendas gastronómicas que colocó destacan varios tamales, un pan de muerto, algunas piezas de fruta, una botella de tequila y la comida preferida de los homenajeados. «Si hay niños también se ponen sus juguetes», agrega.

Villegas lleva veinticuatro años a este lado del océano Atlántico, pero no olvida sus raíces americanas y sigue celebrando «con alegría» el Día de Muertos junto a sus amigos y vecinos. Además, difunde las tradiciones mexicanas en tierras burgalesas, algo que hace con muchas ganas y muy orgullosa. «Invito a mis parientes y a la gente del pueblo para que lo vean y lo conozcan. También les explico todo su significado», manifiesta. Se trata, sin duda, de otra manera de conmemorar el Día de Todos los Santos, algo diferente al recuerdo interiorizado y en silencio que caracteriza a los españoles y a las fiestas de Halloween que, pese a no ser autóctonas, inundan colegios y bares.