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Luis J. Minguito

Dos minutos

Luis J. Minguito


El no derbi

01/11/2021

Según la RAE, un derbi es un «encuentro entre dos equipos cuyos seguidores mantienen constante rivalidad, casi siempre por motivos regionales o localistas». Pues si la rivalidad tenía que estar ayer en la grada... yo no vi un derbi. Yo vi una fiesta.

Vi El Plantío como nunca, con dos aficiones que no se habían juntado y que, sin saberlo, se echaban de menos. Y lo hacían porque tener un amigo/rival al que nunca te habías enfrentado en partido oficial generaba una expectativa demasiado alta para dos clubes que se miran en la distancia como un hermano pequeño lo hace con el mayor. Porque en la ribera del Arlanzón, el UBU San Pablo Burgos ejercía de anfitrión sin saber que en realidad era el huésped. Un invitado que ponía la casa para un partido de élite en la que lleva años instalado el Villa de Aranda.

Ayer no hubo eso que las instituciones declaran de «alta tensión». Hubo saludos y charlas entre dos hinchadas que tradicionalmente se han visto en el Príncipe de Asturias cuando los aficionados burgaleses al balonmano acudíamos de tapadillo a ver la Asobal o cuando las canteras unían sus caminos.

El de ayer no fue el día de 'entrar a matar' pero sí el de 'afilar los cuchillos' porque, pese al recalcitrante buenrollismo instalado en la grada, en la pista sí se jugaba un partido de altas pulsaciones. Un duelo de necesidades imperiosas, de agradar, de convencer y de tranquilizar. 

Uno de esos en los que ganar lo es todo y perder te impulsa a una abismal espiral de dudas que acarician el derrotismo por la ficticia importancia de ganar a tu primer 'archienemigo', el vecino.

El gato se lo llevó al agua Burgos, con mucha autoridad y necesidad. Pero Aranda no se fue hundida. Se marchó con el calor de dos aficiones pese a no sacar nada tangible del no derbi.