"Para mucha gente, por desgracia, volveremos a ser un lujo"

A.G.
-

El presidente del Colegio de Dentistas, Alfredo Aragüés, asegura que la inmensa mayoría de las clínicas y consultas de Burgos ha aplicado un ERTE

Las medidas de seguridad que se exigen ahora no son nuevas para los dentistas, que las llevan aplicando desde los 90 por la pandemia del sida. - Foto: Luis López Araico

La semana pasada las consultas y clínicas dentales de la provincia, que durante todo este tiempo de confinamiento como consecuencia de la pandemia de la covid-19 han estado atendiendo únicamente urgencias, empezaron a desescalarse. Pero lo están haciendo de forma intuitiva ya que, según se queja el presidente del Colegio de Dentistas de Burgos, Alfredo Aragüés, nadie se ha acordado de ellos y el BOE no les ha citado expresamente salvo el primer día del primer estado de alarma para decir que eran un servicio esencial. "Ahora, el Consejo General ha hecho una interpretación de la norma y sí que se están empezando a atender más cosas que las urgencias más puras (que han sido, sobre todo, sangrados, infecciones y fracturas), y empezamos a ver urgencias, digamos, más laxas, es decir, hasta ahora estábamos atendiendo a gente que de no haberlo hecho hubiera acabado en el hospital y ahora ya vemos a pacientes a quienes ponemos tratamientos por cosas que pueden empeorar a la larga".

Con este tímido inicio de la actividad ha comenzado también la reversión de los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) en el que están sumidos prácticamente la totalidad de los negocios dedicados a la atención de la salud bucodental: "No tengo los números exactos pero estoy convencido de que ha habido expedientes en la inmensa mayoría de las clínicas donde también digo que ahora ya están empezando también a incorporar al personal poco a poco", afirma Aragüés, que no se atreve a hacer una previsión de lo que será el sector -hay unos doscientos dentistas colegiados y se emplea a alrededor de un millar de personas en la provincia- una vez vuelva la normalidad.

De lo que sí que está convencido es de que con la crisis económica que se avecina volverán a ser un lujo para muchas personas: "Por desgracia, sabemos que es así, que muchas personas por falta de dinero no van a priorizar su salud bucodental y no se van a hacer los tratamientos, y esto me lleva a los argumentos con los que llevo machacando desde siempre y que tienen que ver con la prevención, de la que en este país apenas hay cultura. Si no te haces un empaste de 50 euros, por ejemplo, a la larga te vas a tener que hacer una endodoncia de 200 pero hay gente que solo acude al dentista cuando las cosas ya no tienen un remedio fácil. Hay muchas personas que van a posponer este gasto, esto es algo que ya vivimos en la crisis del 2008 y en la de los años 90". En cualquier caso, no prevé concursos de acreedores en las consultas de dentistas ‘individuales’ y sí en las franquicias: "Yo distingo siempre entre sanitarios y empresarios, y a estos últimos si les va mal, lo dejan y en el mismo local abren una tienda".

El presidente de los dentistas burgaleses pone también el foco en las franquicias para criticar que, a su juicio, apenas hablan de prevención y sí insisten mucho en ofertas económicas que, para él, son inverosímiles: "¿Un implante por 200 euros? Voy a poner un ejemplo para que se entienda bien: Es como anunciar un bolso de Prada a 50 euros, que luego vas a la tienda y te dicen que por ese dinero te dan el asa; al final, si quieres el resto de las piezas, te va a costar 2.000". En este sentido, recuerda que llevan años solicitando a la Junta que les permita visar los anuncios para que solo puedan incluir realidades contrastables.

"No somos un vector de contagio". Aragüés rechaza que los dentistas sean "un vector de contagio" como asegura que ha leído en alguna parte y, más bien al contrario, dice que ellos llevan trabajando desde la crisis de la aparición del VIH/sida con medidas de protección superiores a las que ahora se consideran óptimas. Y pone un ejemplo: "Hasta un día antes del confinamiento otros profesionales sanitarios como otorrinos u oftalmólogos estaban explorando a sus pacientes a centímetros de su rostro sin ninguna protección y nosotros llevamos décadas con mascarillas y pantallas".

Así, explica cuál es su ‘equipamiento’ en estos tiempos de covid-19, del que dice que no es diferente de lo que venía utilizando anteriormente y que es muy similar a aquel con el que trabaja la inmensa mayoría de los dentistas. Se cubre la boca con una mascarilla FFP2 sobre la que coloca otra quirúrgica "que proteja a la primera". Además, usa una pantalla: "Hay gente que opta por gafas de protección transparentes y cerradas pero si llevas gafas o necesitas lupas para trabajar no son cómodas". Sobre el pijama se coloca una bata desechable "como las que se utilizan en cirugía" y encima, otra que sea impermeable "si se va a realizar una intervención que genere un aerosol". En las manos, dos pares de guantes, el primero para colocar el instrumental y el segundo para empezar a trabajar sobre el paciente. "Y cuando se termina la intervención, un compañero te fumiga con una mezcla de agua y agua oxigenada y se esteriliza todo el material. Para nosotros el cambio está siendo mínimo porque todas estas medidas  las usamos desde los 90 cuando la pandemia del sida aunque haya algunos que ahora se ‘disfracen’ y parezca que están en la Nasa".