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El noble e incendiado Priorato de Trespaderne revive de hotel

A.C.
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El arte, la luz y las formas eternas comparten protagonismo en la restauración del edificio del siglo XVI que se convertirá en alojamiento

Juan Atienza, propietario del Priorato desde 2017, ha dedicado tres años a su restauración integral.

Cinco años después de haber adquirido el Priorato a sus 24 herederos y de tres largos años de obras, Juan Atienza ha sobrevivido a lo que él define como «un ataque de romanticismo». Hoy, lo poco que quedaba del edificio histórico más valioso de Trespaderne tras sufrir un gravísimo incendio en 2011, ha renacido de sus cenizas y de un abandono secular para convertirse «en una obra de arte».  El joven arquitecto Alonso Atienza Sánchez (Madrid 1991) ha sido el artífice de una transformación que no va a dejar a nadie indiferente, en la que el lugar donde los monjes del monasterio de San Salvador de Oña recogían los diezmos desde el siglo XVI, ha dejado de ser un espacio lúgubre con unos pocos ventanucos para convertirse en un océano de luz y claridad.

Nada se ha falseado en la restauración, como explica el propietario junto a su mujer del futuro hotel en que se convertirá el Priorato. «Podíamos haber reconstruido en piedra los antiguos arcos». Pero el proyecto ha buscado «recrear un nuevo concepto de Priorato para uso actual y con un concepto artístico», en el que los materiales predominantes son el hormigón blanco, la cal natural o clásica blanca, la madera noble y la forja.

(Más información y reportaje gráfico, en la edición de papel de hoy de Diario de Burgos)